La reconocida investigadora eslovena sobre el clima, Lučka Kajfež Bogataj, reflexiona en un comentario para el periódico Večer sobre cómo se puede proteger el medio ambiente a través de los hábitos alimenticios: "El 60 por ciento de los europeos cree que la tendencia del cambio climático debe revertirse. Otros tantos separan la basura y ahorran energía y agua. ... Pero sólo pocos tienen conciencia de que también nuestros hábitos alimenticios derrochan energía. ... Un ciudadano promedio de un país industrial comía en 1970 alrededor de 65 kilos de carne al año, hoy ya son 80 kilos. Para ello, la ganadería intensiva necesita 17 veces más terreno, 14 veces más agua y 10 veces más energía que la agricultura. ... Pero también en el cultivo de verduras y cereales se emite CO2. Nuestras tiendas están llenas de patatas de Francia, cebollas españolas, manzanas holandesas, ajo chino, y toda esa verdura no llega por sí misma a Eslovenia. Aún más energía se utiliza para el transporte de bebidas, ya que compramos agua mineral de nuestros países vecinos, por no hablar de vino y cerveza. ... Si comiéramos sólo productos frescos y cultivados en el país, ahorraríamos mucha energía. La elección de nuestros alimentos tiene, por lo tanto, influencia en el cambio climático. Si se quiere hacer realmente algo contra el cambio climático, no basta con hacerlo detrás del volante e instalar placas solares. Debemos comenzar con lo que ponemos en nuestros platos." (27/10/2008)
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