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Archivo / Magazine / Actualidad / La crisis financiera / Debate | 11/12/2008
La lucha por amortiguar la crisis
de Andreas Bock
Europa se encuentra en recesión. Unos pocos meses después del comienzo de la crisis en los mercados financieros internacionales se teme que la economía retroceda. La industria automovilística se ha visto especialmente afectada. ¿Cómo juzga la prensa europea el plan de reactivación de la UE?
El mundo se está hundiendo actualmente en una crisis económica, probablemente la peor desde hace un cuarto de siglo, incluso quizá la peor desde la crisis económica de 1929, opinaba el 20 de noviembre el Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz en el periódico financiero húngaro Világgazdaság. Al margen de estas interpretaciones apocalípticas, el hecho es que el rendimiento económico de la eurozona ha descendido en el tercer y cuarto trimestre de 2008 en comparación con el mismo período del pasado año.

El pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI), según el cual el rendimiento económico de las naciones industrializadas caería en el año 2009 por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, ha alimentado adicionalmente el pronóstico de una recesión global. "A estas alturas debe estar ya claro que la crisis ha sobrepasado hace tiempo los límites del sector financiero.", reaccionaba el Financial Times Deutschland el 6 de noviembre.
La industria automovilística toca fondo
De manera análoga, la mayoría de los periódicos europeos informaba sobre una recesión coyuntural en una gran parte de sectores. Además de afectar el sector bancario, la crisis se extendió también a la industria aeronáutica, inmobiliaria, química y, en especial, a la industria automovilística. Dada la particular dependencia que ésta sufre respecto a la situación coyuntural, le tocó experimentar la recesión económica de modo relativamente rápido. Algunas empresas automovilísticas como Daimler, BMW y Porsche redujeron su producción y dejaron de descartar la eliminación de puestos de trabajo. Las solicitudes de ayuda económica estatal de los consorcios estadounidenses General Motors, Ford y Chrysler y sus empresas filiales europeas pasaron a ocupar el centro del debate en los medios de comunicación. "Ningún Gobierno ... se puede permitir el lujo de no actuar y correr el riesgo de la desaparición de un sector clave en la economía." El periódico financiero Jornal de Negócios comparaba el 21 de noviembre las consecuencias de la insolvencia de las fábricas automovilísticas en los Estados Unidos y Europa con las caídas de los entidades bancarias. "Son casos excepcionales que requieren medidas poco corrientes. Luego se debe retornar al libre mercado tan rápido como sea posible.”
Por otra parte, la prensa europea tachaba de incomprensible una posible subvención del sector automovilístico, al que el periódico La Repubblica incluso daba ya por muerto. "¿Por qué deben obtener ahora algunas firmas –¿y por qué éstas y ahora?– una garantía para su existencia? ¿Por qué garantías estatales para alargar una existencia? Además, ¿hasta qué punto resulta tentador un rescate cuyo efecto sólo puede resultar una queja continua durante años, porque se piensa que la industria automovilística sería una suerte de nueva minería del carbón?," se preguntaba el periódico Süddeutsche Zeitung el 18 de noviembre en vistas del descenso de ventas del sector afectado.
El semanal holandés Elsevier advertía el 20 de noviembre que los Gobiernos europeos no deberían apoyar la industria automovilística, sino evitar su caída por medio de una política industrial inteligente. El periódico austríaco Der Staandard reconocía el 19 de noviembre que es responsabilidad de los políticos preocuparse de crear las condiciones para que no se pierdan puestos de trabajo. "Pero es seguro que el Estado no posee los medios suficientes para garantizar a fuerza de infusiones monetarias la supervivencia de las industrias que supuestamente por la crisis están en mal estado."
El plan de rescate comunitario pone a Maastricht en peligro
El presidente de la Comisión de la UE, José Manuel Barroso, presentó un plan de rescate sin precedentes por un valor de 200 mil millones de euros –un 1,5 por ciento del Producto Interno Bruto europeo– para luchar contra la crisis económica. Sólo 30 mil millones provendrían del presupuesto común y del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Los países comunitarios deberían aportar al plan un total de 170 mil millones de euros de sus propios planes de rescate. Hay que enfrentarse a una crisis excepcional, eran las palabras con las que Barroso justificaba el gigantesco plan en su presentación el 26 de noviembre en Bruselas.
Sin embargo, el plan no pasó una primera evaluación de la prensa europea. Primero se señaló que sobre todo los criterios de convergencia de Maastricht estarían en peligro debido al alto gasto público creado, porque "cuando se pone dinero a disposición del impulso económico, la deuda pública crece. Justamente es la Comisión Europea la que debe velar por el cumplimiento del paquete de estabilidad del Euro", apuntaba el periódico holandés Trouw el 26 de noviembre.
"Resulta difícil de decir qué debe aportar exactamente a las economías europeas esta 'caja de herramientas', tal y como lo denominó Barroso, el presidente de la Comisión. Es de esperar que también contemple unos desvíos temporales de los criterios de Maastricht para el presupuesto público", escribía el periódico Delo el 27 de noviembre. "La supresión del Tratado de estabilidad de Maastricht y la total libertad de decisión concedida a los Gobiernos en relación al valor de su déficit público significa de facto sólo una maniobra mal disimulada de 'sálvese quien pueda'," se manifestaba poco convencido el periódico La Repubblica el 26 de noviembre.
Barroso no es Obama
La prensa europea recibió particularmente con sorpresa una característica del paquete: El hecho de que cada país fuera libre de aplicar medidas individuales. El Süddeutsche Zeitung estaba convencido el 26 de noviembre de que cada país hace exactamente lo que considera correcto. "Programa europeo para aquí y para allá. Muchos países, entre ellos Alemania, Francia o Gran Bretaña han ideado hace tiempo paquetes de rescate nacionales –y lo han hecho público." La estructura política de la UE sería responsable de la falta de unidad del paquete de medidas. Así, el periódico portugués Diário de Notícias criticaba el 28 de noviembre que no se trataría de un paquete común de ayudas. Como en la UE no existe un centro político responsable de una política económica común, cada país puede elegir qué medidas adoptar de entre las propuestas.
También el semanal Világgazdaság identificaba el 26 de noviembre un problema estructural en la solución de la crisis financiera: "Como sabemos, el punto débil de la política económica de la UE estriba en que los planes que se elaboran a nivel comunitario pueden realizarse sólo a nivel nacional." El periódico financiero alemán Handelsblatt llegaba a caracterizar el plan de rescate incluso como un "programa sin concepto" y hacía mención del paquete homólogo de los Estados Unidos. "Barroso no es Obama y los estados federados de los Estados Unidos funcionan de otra manera que la unión de Estados europea. Los estadounidenses son capaces de estar unidos como un solo hombre frente a la necesidad. En Europa, por el contrario, cada uno cuenta como el primero para sí mismo en tiempos de crisis." Es decir, cada uno podría buscar en el plan de rescate lo que convenga más.
Menos impuestos
En estas circunstancias, Gran Bretaña se decantó por reducir el Impuesto al Valor Agregado (IVA) para mejorar la situación. A partir del 1 de diciembre de 2008, el IVA se redujo en un primer momento de un 17,5 por ciento a un 15 por ciento en el marco de un extenso programa de ayuda. La prensa europea valoró la polémica medida de manera predominantemente positiva. La Repubblica expresaba al respecto que ésta representaba un "acto de justicia social por parte del primer ministro británico Gordon Brown". También el periódico irlandés Irish Times encontraba que se debía correr ese riesgo teniendo en cuenta la mala situación de la economía británica.
Algunos periódicos remitían a los supuestos beneficios de la reducción del IVA en vistas de su situación nacional. "No se trata de secar al Estado. Se trata de fortalecer la economía local en la crisis más grande de los últimos 80 años.", escribe el periódico Frankfurter Rundschau en relación con la postura de rechazo a la reducción del IVA en Alemania. El periódico griego To Ethnos alababa la medida impulsada por Brown para reducir los impuestos de los ciudadanos económicamente más débiles y revivir así el mercado, y la oponía a la medida griega planeada para 2009: un aumento impositivo.
El Gobierno británico tendría también una receta contra la caída en la recaudación de impuestos, que ascendería a miles de millones. "La caída de los impuestos se deberá equilibrar posteriormente a través de la subida de impuestos a la renta para los ricos. ¡Muy bien! Eso corregiría además de una vez una situación social crítica," opina el diario izquierdista alemán die tageszeitung. Sin embargo, para el periódico británico The Guardian, la medida representaba el 25 de noviembre una decisión fundamentalmente errónea: "La parte más crucial en el proceso de restitución de la economía a cualquier estado saludable no yace en más gasto público, sino en hacer que los bancos vuelvan a conceder préstamos. Hasta entonces, las predicciones sobre el aumento o sobre las finanzas públicas resultan meras adivinanzas o análisis."
Reducción histórica de los tipos de interés
La concesión de créditos bancarios depende no obstante de los tipos de interés. Éstos pueden ser regulados a su vez por el tipo de interés básico del Banco Central Europeo (BCE). Así debe entenderse la drástica reducción de los tipos de interés del BCE de 75 puntos básicos a un 2,5 por ciento –la mayor desde la introducción del euro– llevada a cabo el 4 de noviembre como un nuevo intento de luchar contra la amenazante recesión. También otros países como Inglaterra, Suecia y Dinamarca decidieron dar pasos agresivos en materia de intereses. El periódico financiero Financial Times Deutschland se preguntaba qué estrategias concretas perseguía realmente el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, en la crisis. "Trichet no les deja claro a los actores del mercado cómo continuar. Eso transmite simplemente la sensación ... de pura inseguridad."
Otros periódicos europeos manifestaban su falta de fe en los efectos de la reducción de los tipos de interés, la cual seguramente no se transmitiría a los clientes de los bancos y a los inversores. "En estas circunstancias inciertas, los bancos tienen un motivo indiscutible para no conceder préstamos a menos que establezcan intereses punitivos", formulaba The Guardian el 5 de diciembre acerca del problema. Y el Süddeutsche Zeitung opinaba: "Por muy valiente que resulte el paso del BCE, podría resultarle muy difícil convencer a los bancos europeos de que adopten estos intereses más bajos. Por el momento los bancos mismos necesitan dinero. No se prestan dinero entrelazados."
Cuidado con la deflación
Con todo, la reducción de los tipos básicos de interés era necesaria debido al descenso de los precios, razón por la cual se podría incluso correr el peligro de una deflación, advertía el periódico financiero francés Les Echos el 20 de noviembre. "Los precios de los objetos inmobiliarios, que han perdido un 17 por ciento en un año en Estados Unidos, bajan [también] en Europa. La baja llega a los productos corrientes. ... Para los gobernantes, se trata de un nuevo desafío. ... Pues la deflación constituye un riesgo infinitamente más grande que la inflación. Ella bloquea la economía. Ella mata la política monetaria clásica." El periódico danés Politiken creía que los jefes de los Bancos Centrales podrían evitar una inminente recesión. "Sin embargo, si existe la amenaza de un aumento del desempleo y de una reducción del crecimiento, éstos no quieren aparecer como culpables. Los directores de los Bancos Centrales también saben que no les queda mucha más munición en el depósito", pues no se puede reducir el tipo básico de interés por debajo del cero.

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Original en Alemán
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