El sábado pasado, el papa Benedicto XVI utilizó la cita bíblica de 'dar al César lo que es del César' en la embajada italiana del Vaticano para referirse a la separación entre el poder mundano y el poder espiritual. Franco Garelli comenta en el periódico liberal La Stampa: "La Iglesia admite la estructura fundamental que prevé la distinción entre Estado e Iglesia, la autonomía de la esfera temporal y de la espiritual. ... Detrás de ello se esconde no tanto la oposición del cristianismo a pretender una propia jurisdicción en la sociedad secular, de la cual deriva la aceptación de las leyes de la sociedad terrena, sino más bien la idea de que la Iglesia no es la misma sociedad, sino una comunidad diferente y voluntaria, preocupada sobre todo por dar testimonio del mensaje cristiano y difundirlo en el mundo. De allí el reclamo de 'dad a Dios aquello que es de Dios', reconociendo que éste es el elemento prioritario para los creyentes, llamando a aceptar las 'justas' leyes de la tierra en la que viven pero con la mirada puesta en el cielo. Los cristianos se encuentran actualmente entre la tierra y el cielo, pero el respeto de las leyes del César se llevan adelante sólo bajo la condición de aceptar el primado de Dios en el mundo. ... ¿Por qué una Iglesia libre en un Estado debería disfrutar de una atención privilegiada por parte del poder político? ¿No existe el riesgo de que – más allá de los principios que se afirmen – se produzca una unión latente entre el Estado y la Iglesia, que podría condicionar la misión de esta última?" (15/12/2008)
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