Cuando los tiempos eran buenos, todos los países de Europa occidental atraían a mano de obra barata. Ahora, sin embargo, en los tiempos de crisis, son ellos las primeras víctimas, constata la politóloga Katarína Mallok en el diario liberal Sme. "Los inmigrantes tenían como mano de obra muchas ventajas. No sólo trabajaban por sueldos mucho más bajos que los autóctonos, sino que tampoco se quejaban de las malas condiciones. ... Ahora, la crisis financiera le corta las alas al mercado laboral europeo. El trabajo, por ejemplo, que los africanos realizaban en España atrae a los españoles mismos. El Gobierno intenta hacer que los africanos vuelvan a sus países ofreciéndoles incentivos. Pero los africanos no quieren volver a África. A Alemania también le esperan problemas similares. Tampoco en Austria, los Países Bajos o Francia se sabe qué hacer con este nuevo grupo de desempleados. Los inmigrantes, por su parte, se sienten tratados con injusticia, tienen la impresión de que sólo se les apreciaba como 'robots sucios' en tiempos mejores. Europa se encuentra en medio de un polvorín que ha preparado ella misma. Uno se da cuenta de que Max Frisch tenía razón con su frase: 'Pedimos mano de obra, y llegaron personas.'" (17/12/2008)
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