El escritor Maxim Biller se lamenta en la edición dominical del periódico Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung acerca del proceso de influencia de Alemania del Este que está sufriendo toda la República alemana 20 años después de la caída del muro de Berlín: "¿Supone el peor aspecto de la influencia tomar todo como viene y quejarse de todo? Más desagradable y con peores consecuencias resulta la lenta e intoxicante desaparición del 'yo', del individuo y de su belleza del discurso social. ... Sólo puede irle bien a la comunidad, que en la RDA [República Democrática Alemana] se denominaba colectivo, ese constructo gris, amorfo, que la autoridad puede dirigir con especial facilidad. Quien sea él mismo y quiera seguir siéndolo, quien quiera desarrollar y perseguir una idea en un partido, en una editorial, en un banco, quien no quiera ir todos los días a almorzar con sus compañeros de trabajo, quien ponga en cuestión en sus editoriales los fundamentos del mundo de los demás, quien no esté a favor del ahorro de energía, de pasar las vacaciones en Tailandia y de la selección nacional de fútbol, balonmano y hockey, no pertenece a él [al colectivo], está fuera, no se le escucha, padece depresiones o sufre de nostalgia." (23/03/2009)
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