Ingo Arend reflexiona en el semanal de izquierda Der Freitag acerca del desarrollo de la economía cultural y creativa: "El ascenso de una capacidad estética a la fuerza productiva inmediata demuestra claramente que el capitalismo se dirige decididamente hacia la época post-industrial y se supedita a un imperativo creativo. 60 años después del ajuste de cuentas de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno con la 'industria cultural' resulta significativa la rápida evolución de las 'cultural industries' a espíritu y motor de un nuevo capitalismo. ¿Acaso no debería sentirse honrada la escena creativa al respecto? Por fin no se limita a estar al margen, inactiva, sino que se convierte en el centro de un cambio social colosal. Sin embargo, al no avanzar las prácticas artificiales y potenciales sólo hacia factores estándar económicos directamente aprovechables, sino hacia la idea conductora de una economía de la innovación por antonomasia, se abre también el camino a un cambio dramático del rol del arte. En todo el proceso no se han disipado en absoluto las dudas de que los creativos cortejados sólo acaben al final reunidos en 'smartshops' que les quiten el trabajo a las empresas que quieren dejar de pagarles. No obstante, está fuera de lugar temer demasiado (por parte de la izquierda) que la creatividad sólo sea nacionalizada y que el artista mute en agente del comercio. Pues la creatividad, al contrario de un proceso químico, no se puede planear, sino que vive de una testarudez incalculable." (23/07/2009)
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