Las vuvuzelas siguen alterando a un gran número de aficionados al fútbol, por lo que el semanal liberal de izquierda Heti Világgazdaság explora sus orígenes no tan tradicionales y descubre un modelo comercial interesante: "La vuvuzela consigue incluso acallar el alboroto mediático en torno al Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Nos referimos con ella al colorido 'instrumento' de plástico tan estridente que resulta ensordecedor. Cuando la tocan decenas de miles de hinchas en el estadio, los equipos no son los únicos que las padecen, sino también los entrenadores (que no puede comunicarse con los jugadores en el campo), los comentaristas de televisión y, por supuesto, los espectadores. Por no hablar de los patrocinadores. ... Pero qué más da: la vuvuzela es sagrada ... es una cuestión de tradición. Al fin y al cabo, estamos en Sudáfrica. ... Lo gracioso del asunto es que ni siquiera podemos hablar de tradición: al contrario que el verdaderamente tradicional cuerno de Kudu, el cuerno de avispa de plástico de un metro de largo se puede encontrar desde hace apenas diez años en los estadios de Sudáfrica. Fabrica la vuvuzela ese monopolista feliz, Neil van Sharkwijk, que también vende en los estadios su 'antídoto', los tapones anti-vuvuzela." (07/07/2010)
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