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Allí hubo algo
de Susanne Grindel, Winfried Speitkamp
Desde los años 1990, los Estados europeos se van enfrentando cada vez más a su pasado colonial: desde leyes en Francia, debates en Gran Bretaña, un museo en Bélgica y un día conmemorativo en Alemania.
Hasta los años 90 no se llevó adelante en Europa ninguna polémica pública sobre la historia colonial. Tampoco se aclararon seriamente las reclamaciones de disculpas e indemnizaciones por la violencia colonial y el tráfico de esclavos, como las que preparó un comité designado por la Organización para la Unidad Africana. En la actualidad crece en la conciencia colectiva el hecho de que el pasado colonial no es aún pasado, sino que repercute sobre Europa.

Foto: AP
En Francia se consideró hasta el fin del milenio el propio pasado colonial con mucho orgullo. Por primera vez se reconoció en 1999 en una ley la Guerra de Argelia como tal, en 2001 no sólo se catalogó la esclavitud de manera clara como un crimen contra la humanidad, sino que se reclamó un tratamiento correspondiente en la enseñanza escolar o a través de un día conmemorativo (desde 2006, el 10 de mayo). Sin embargo, en 2005 se prescribió a las escuelas por ley honrar el papel positivo de Francia en ultramar. Eso desató duras disputas sobre la legitimidad de la política histórica estatal en general. El conflicto sacudió los fundamentos de la representación de sí mismos de los franceses, porque además se realizaron comparaciones entre el tráfico de esclavos y la violencia colonial, y el Holocausto. La ley se anuló, pero la discusión sobre el pasado colonial continúa. La fundación de dos museos con relación a las colonias de ultramar en 2006 y 2007 no ha ayudado en absoluto. Sigue faltando un museo central del colonialismo y Francia está más lejos que nunca de poder brindar una interpretación capaz de obtener consenso.
Levantamiento Mau-Mau en Kenia
En Gran Bretaña se consideró con una asombrosa pasividad la pérdida del imperio; durante mucho tiempo pareció que la memoria de la época colonial había quedado marginada. Su tematización no comenzó hasta después del fin del milenio. Dos publicaciones sobre el proceder británico contra el levantamiento Mau-Mau en Kenia constituyeron un aporte provocador. Caroline Elkins y David Anderson compararon la política británica de los años 50 con la política de los campos de concentración de Hitler y Stalin; paralelamente se dejaron oír fuertemente reclamos de indemnización en Kenia. Con motivo del 200 aniversario de la abolición de la esclavitud se volvió a debatir sobre la historia. Mientras que la Iglesia Anglicana expresó abiertamente su vergüenza, los representantes estatales evitaron una toma de posición clara. Sin embargo, numerosos libros y exposiciones dan cuenta del amplio interés. Por otra parte, en Liverpool abrió sus puertas el Museo Internacional de la Esclavitud. El tema se sigue discutiendo controvertidamente y el debate llega así a los ojos de la opinión pública.
Recuerdo de los genocidios
En Bélgica se han abierto viejas heridas en los últimos años; se trata del Congo. Hasta hace muy poco, Bélgica rechazaba de manera estricta cualquier crítica y resaltaba los logros de civilización en el Congo. En el Musée royal de l'Afrique central en Tervuren, abierto en 1910, se transmitió esta idea durante poco más de un siglo de manera casi inalterada. En 1998, el periodista estadounidense Adam Hochschild lo puso en duda sacudiendo así la opinión pública. Tachó el proceder del rey belga en el Congo de genocidio y lo comparó con regímenes totalitarios y masacres. En Bélgica causó enérgicas oposiciones. Sin embargo, tampoco en Bélgica se puede volver atrás una vez que la discusión europea ya se ha desatado. Los debates actuales en simposios permiten deducir que se ha establecido un lento proceso de reorientación del pensamiento.
En Alemania, el 100 aniversario del levantamiento en el sudoeste y este de África de 1904/05 provocó una gran controversia entre los investigadores. Como telón de fondo se encontraban los reclamos de indemnización de los Herero en Namibia. Una gran parte de dicho pueblo fue víctima de la política de expulsión y exterminio de los alemanes. Entonces no se trataba sólo de la pregunta de si se debía hablar de genocidio, sino también de si se podía constatar una continuidad entre la política alemana en África y la política nacionalsocialista de exterminio en Europa del Este.
El peso de la herencia europea
La constelación europea lo ilumina de manera ejemplar: la memoria desvanecida, el cambio generacional, la conciencia de sí creciente de las antiguas colonias y la pregunta de si la esclavitud y la época colonial no deberían tener la misma importancia en la memoria europea como las Guerras Mundiales y el Holocausto. Todo ello exige una nueva reflexión sobre la saturada historia. A pesar de que los debates se realizan en el contexto de las culturas nacionales de la memoria, se perfila paralelamente que el colonialismo se va a transformar en una parte de la memoria colectiva. Este proceso hará temblar décadas de certezas e irá acompañado de dolorosos conocimientos y nuevas controversias.

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Original en Alemán
Publicado primeramente en KULTURAUSTAUSCH, IV/2008
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