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Sin bendición

de Gaby Mahlberg


En realidad, el Papa sólo quería tenderle una mano reconciliadora a los tradicionalistas. Pero luego llegó el escándalo. Entre los cuatro obispos excomulgados de la Hermandad de Pío que Benedicto XVI les suspendió a finales de enero su excomunicación se encontraba un negacionista del Holocausto.


Poco antes de su Re-Incomunicación[1] el 24 de enero por parte del Papa, el británico Richard Williamson había negado en una entrevista con la cadena televisiva sueca SVT 1 la existencia de las cámaras de gas y el asesinato de alrededor de 6 millones de judíos a manos de los nazis. Williams era uno de los cuatro obispos ungidos hace 21 años de manera ilegal por el arzobispo francés Marcel Lefebvre, quien se negaba a reconocer el Concilio Vaticano II. Los Hermanos de Pío niegan la apertura de la Iglesia Católica a otras confesiones, así como el diálogo ecuménico, y continúan celebrando la misa según el rito latino.

Críticas al Papa

La rehabilitación de cuatro obispos sería problemática, escribía el periódico español El País el 27 de enero, tanto por su posición conservadora como por la negación del Holocausto de Williamson. La decisión sugeriría un "acercamiento táctico de Benedicto XVI a la extrema derecha de la Iglesia Católica", escribía el diario. No habría "mayor relativismo moral que, con el solo propósito de cerrar el cisma [de la Iglesia], transigir con ... la negación del Holocausto”. Un relativismo que el Papa siempre ha condenado. De manera similar reaccionaba el 26 de enero el periódico alemán liberal de izquierda Süddeutsche Zeitung: "La reconciliación del Papa con un repugnante antisemita" resulta devastadora, afirmaba. El Papa ignoraría que como "cabeza de más de mil millones de católicos" no actúa "en el terreno vacío del dogma y del derecho canónico". Lo que Benedicto XVI ganaría con la Re-Incomunicación de Williamson en el ala derecha de la Iglesia "lo podría perder en el centro".

El papa Benedicto XVI bendice a sus feligreses durante una plegaria vespertina en Roma, enero de 2009. Foto: AP/Pier Paolo Cito


El periódico belga De Morgen incluso advertía el 28 de enero de antisemitismo en el Vaticano. La suspensión de la excomunicación de Williamson daría a entender "que los negadores [del Holocausto] y los antisemitas ocupan un lugar en lo alto de la Iglesia Católica" y reforzaría "la autoridad de un obispo que pretende reescribir la Historia más de 60 años después de los brutales acontecimientos y deshumanizar de nuevo a los judíos", escribía Dirk Verhofstadt, el autor de un libro sobre Pío XII durante el Holocausto (Pius XII en de vernietiging van de Joden, publicado en 2008). Marco Politi reclamaba en el periódico italiano liberal de izquierda La Repubblica del 28 de enero una toma de posición pública por parte del Papa: "El Papa debe hablar ya. ... Del máximo representante de la Iglesia [Católica] se espera una respuesta sobre si un obispo católico puede negar el Holocausto y, por encima de todo, si tal comportamiento puede ser el de un obispo que siga cumpliendo funciones dentro de la Iglesia."

Defensa

El periódico polaco Polska constituía una de las pocas voces que se atrevía a defender al Papa. "La valerosa decisión de Benedicto XVI" habría sido "la única posibilidad de proteger a la Iglesia de un nuevo cisma", escribía el periódico el 28 de enero. El periódico suizo Neue Zürcher Zeitung resaltaba el mismo día que el Papa no había rehabilitado a Williamson por negar el Holocausto. "Williamson ha sido rehabilitado como un católico normal, no como un obispo encargado por el Papa y en ningún caso como negador del Holocausto", afirmaba el diario. Además, el Vaticano resaltaba que el Papa desconocía completamente las afirmaciones antisemitas de Williamson al llevar a cabo la Re-Incomunicación.

De acuerdo a una teoría conspirativa, el Papa habría sido "la víctima de un complot”, informaba el periódico alemán conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung el 5 de febrero. De acuerdo a ésta, la periodista francesa conocedora de la Hermandad de Pío, Caroline Fourest, habría maquinado la entrevista a Williamson con la televisión sueca para poner en ridículo al Vaticano. Sería, por lo tanto, una "lección cínica” de política mediática.

Ola de protestas

Todo ello no evitó que la opinión pública protestara enérgicamente contra la decisión del Papa. Según informes periodísticos, en Alemania aumentaron las personas que se dieron de baja de la Iglesia. El periódico alemán de izquierda tageszeitung llegaba a apelar a los católicos en su portada con un formulario ya preparado para que abandonaran la Iglesia. El periódico alemán Süddeutsche Zeitung escribía el 2 de febrero que podía ser que "el Papa no hubiera sabido nada de las peroratas antisemitas del obispo Williamson”, pero que resultaba difícil de creer "a la luz de la meticulosidad con la que se analiza por lo demás la vida de los altos dignatarios.” Cada vez más personalidades de la vida pública, especialmente en Alemania, el país de origen del Papa, exigían una toma de posición clara por parte del Vaticano sobre el Holocausto, finalmente también la canciller alemana, Angela Merkel.

No sería "asombroso” que los alemanes se mostraran susceptibles respecto a esta cuestión, escribía el diario polaco Rzeczpospolita el 4 de febrero. Del mismo modo sería comprensible la inquietud de la canciller porque "sea precisamente un Papa de Baviera el acusado de perjudicar el diálogo entre la Iglesia Católica y el Judaísmo." No obstante, no sería justo sostener que el Papa hubiera evitado el tema de la negación del Holocausto. En su audiencia general del 28 de enero, Benedicto XVI había hablado sobre su "solidaridad con los judíos" y "la necesidad de conmemorar la Shoah". Además se deberían tener en cuenta las visitas que realizó en el campo de concentración de Auschwitz.

El periódico alemán Frankfurter Allgemeine seguía la misma línea y consideraba inadecuada la intervención de Merkel en el asunto. El Papa, publicaban el 5 de febrero, se habría manifestado en múltiples ocasiones contra la negación o la minusvaloración del Holocausto y no necesitaría ninguna "clase de refuerzo de Berlín". Por el contrario, el periódico alemán Süddeutsche Zeitung defendía a la canciller ese mismo día. No se trataría de "intervenir en los asuntos de la Iglesia Católica", sino de que el Papa faltara a la religión civil vigente en Alemania, cuyo pilar central sería "el 'nunca más', la República Federal como antítesis organizada estatalmente a la dictadura nazi." Un Papa "que procede de Alemania, se pone en contra a las comunidades judías de Alemania y ayuda con indulgencia a que un negacionista del Holocausto se convierta en una prominencia" no habría "entendido algo fundamental".

El mismo hilo argumentativo sigue el diario austríaco Der Standard el 6 de febrero: Merkel habría tenido el deber de expresarse "porque Benedicto XVI es alemán." "Sobre todo la prensa anglosajona se hizo eco de su pertenencia a las juventudes de Hitler" en el contexto de su designación como Papa. Que "precisamente un Papa alemán acoja de nuevo a un negacionista del Holocausto en las filas de la Iglesia Católica en tiempos de un antisemitismo que vuelve a germinar en Europa" comportaría "consecuencias de gran alcance más allá de las murallas de Roma."

Pérdida de imagen

La reputación del Papa se habría resentido a pesar de sus buenas intenciones, escribía el diario finlandés Helsingin Sanomat el 4 de febrero: "Benedicto pretendía unir la Iglesia con este remiendo, no poner en duda el genocidio sufrido por los judíos," pero habría cometido un error sobre todo porque se había reprochado a los máximos representantes de la Iglesia Católica "su indiferencia frente al Holocausto" durante los años 40.

Por otra parte, los críticos como Vito Mancuso, a quien el diario italiano La Repubblica daba voz el 26 de enero, se planteaban la pregunta de si el Papa, calculando fríamente, estaría dispuesto a aceptar a un negacionista del Holocausto por el bien de la unidad de la Iglesia, o bien si, como suponía el periódico alemán Süddeutsche Zeitung el 28 de enero, sería un "hombre fosilizado que está convirtiendo el Vaticano en una torre de marfil dogmática y está negando la apertura de la Iglesia al mundo."

Para muchos estaba claro: el Papa está perjudicando a la Iglesia Católica y el diálogo con el Judaísmo. El diario holandés De Volkskrant tachaba el 6 de febrero de incomprensible que un Papa alemán aportara "tan poca sensibilidad por las relaciones con el judaísmo." No podría ser que Benedicto XVI impusiera su "noción estrecha de miras de unidad católica, apostólica y romana por encima del respeto a otras religiones", comentaba también el 6 de febrero el periódico financiero británico Financial Times.

Minimizar los daños

Federico Lombardi, director de la oficina de prensa papal, subrayaba el 3 de febrero en un comunicado del Vaticano que Benedicto XVI había expresado claramente su condena del Holocausto en repetidas ocasiones y que lo mismo era válido respecto a las opiniones de Williamson. Un día después, el 4 de febrero, el Papa acababa exigiendo que Williamson retirara sus tesis de modo absolutamente "inequívoco y público". Se trataba de minimizar los daños.

"El Papa actual no es nazi," constataba con alivio el diario belga De Standaard el 5 de febrero. No obstante, sería un "conservador sentimental" que "en su empeño de embarcar a sus seguidores nuevamente en los viejos rituales" estaría dispuesto a asumir los daños colaterales y que de este modo "le quita importancia” al Holocausto indirectamente.
Sea como fuere, el Papa habría mostrado "que Roma sabe escuchar la opinión pública. Incluida la católica," escribía el diario católico francés La Croix el 5 de febrero.

Por su parte, el diario italiano La Stampa interpretaba el asunto de Williamson como una lección para el Vaticano y "una advertencia a los hombres de la Iglesia para que se guarden del peligro de la autorreferencialidad." Estaría bien "que también escuch[aran] las voces y los argumentos de los que se encuentran fuera de la Iglesia." El semanal católico británico The Tablet describía el 7 de febrero el asunto en primera línea como un "debacle de comunicación" de la oficina de relaciones públicas del Vaticano, dirigida por un "jesuita que no da abasto", pero subrayaba que el desliz conllevaría todavía más "consecuencias no intencionadas" para la unidad de la Iglesia, el diálogo con los judíos y la presunta neutralidad del Vaticano en el conflicto de Gaza.

Un Papa como Obama

Todo podría resultar mucho más fácil si la Iglesia Católica contara con un Papa como Barack Obama, escribía el 2 de febrero en el diario alemán Süddeutsche Zeitung el teólogo alemán Hans Küng, a quien el Vaticano retiró en 1980 el permiso eclesiástico de adoctrinar. Un Papa como Obama "manifestaría claramente que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana se encuentra en una crisis profunda" e introduciría reformas. Entonces, todo volvería a ir bien.

[1]
En el contexto del caso Williamson la prensa europea habla con frecuencia de una "Rehabilitación". Teologicamente y de la perspectiva del derecho canonico esto no es correcto. Más bien es una así llamada "Re-Incomunicación". En una excomunicación de la Iglesia Católica Romana el papa excluye el interesado de los sacramentos y del ejercicio de sus cargos eclesiásticos. Con la anulación de la excomunicación se encuentra nuevamente en comunidad con la iglesia. Nuevamente Williamson tiene permiso de recibir los sacramentos de la Iglesia Católica. Como por aquel entonces de su excomunicación también estaba suspendido de su cargo, Williamson tampoco no tiene permiso a ejercer cargos (por ejemplo celebrar la misa sancta).

 
Gaby Mahlberg
Gaby Mahlberg, nacida en 1976 en Euskirchen, es redactora de euro|topics y periodista freelance. Anteriormente trabajó como subeditora para dpa News International en Irlanda así ...
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Original en Alemán

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