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Error de sistema
de Andreas Bock
Desde Bruselas hasta Washington, la política internacional ha intentado con insistencia encauzar un nuevo sistema financiero. ¿Cómo debe reaccionar Europa ante la crisis del mercado financiero? ¿Es suficiente un camino especial para Europa o necesitamos un nuevo orden financiero global?
En tiempos de crisis se acercan unos a otros. Por eso, los dirigentes de los países europeos llevan semanas intentando encontrar en conjunto una salida a la crisis global del mercado financiero. Sin embargo, los primeros intentos de encontrar una amplia base para una acción coordinada a nivel paneuropeo como reacción a la crisis no han estado coronados por el éxito. La prensa europea se muestra decepcionada sobre el hecho de que los jefes de Estado y Gobierno de Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia no pudieran acordar un paquete europeo de rescate en un encuentro celebrado el 4 de octubre en París. "El hecho de que los líderes de las grandes potencias económicas de Europa no hayan podido formular ninguna estrategia muestra una vez más que la Unión Europea no es aún la autoridad económica y política que quiere ser," escribía el diario holandés Trouw el 6 de octubre. "Hay que esperar a ver si la Unión financiera y monetaria construida con tanto cuidado puede sobrevivir a esta tormenta financiera."

Foto: AP/Michael Probst
En el periódico La Repubblica, Federico Rampini responsabilizaba del rechazo a un paquete de rescate a la falta de unidad política de Europa: "Después de que la UE haya creado un sistema monetario unitario y haya permitido que sus bancos se conviertan en gigantes mediante fusiones internacionales, los Estados deben hacerse cargo ahora de la falta de integración política del sistema." También en la cumbre posterior de los ministros de Hacienda de los países de la eurozona celebrada el 6 de octubre en Luxemburgo, sólo se llegó a un acuerdo para un plan de emergencia. La reunión habría dejado clara la falta de una estrategia de acción conjunta en la crisis financiera, opinaba al respecto el periódico de Estocolmo Dagens Nyheter. Con ello, por el momento no se logró alcanzar una acción de rescate según el modelo de los EE.UU., donde ya a finales de septiembre se había hilado un paquete de medidas para el rescate de los institutos financieros afectados por valor de 700.000 millones de dólares.
¿Salida de la crisis?
En la reunión de los países de la eurozona celebrada en París el 12 de octubre, los máximos representantes de los doce Estados esbozaron por primera vez un plan conjunto de acción para la estabilización de los mercados financieros que garantizara la liquidez de los bancos y brindara garantías estatales para los depósitos. Gran Bretaña anunció la mayor inyección financiera, cuya cuantía ascendía a un máximo de 660.000 millones de euros, para el rescate de sus bancos. Alemania puso a disposición un capital y avales crediticios por valor de hasta 480.000 millones de euros. También otros países europeos, si bien en menor dimensión, se sumaron a conceder sumas millonarias a sus sectores bancarios afectados. "Las propuestas más ponderadas para una salida de la crisis han venido de Europa y sobre todo de Gran Bretaña y, lo que es aún más importante, para la creación de un sistema financiero más sano", ponía de manifiesto el periódico financiero francés Les Echos el 13 de octubre y sacaba la conclusión de que la tarea de una Europa algo más unida sería la de sentar los fundamentos de un sistema financiero mejor regulado.
En especial, el maltrecho primer ministro británico Gordon Brown, que inesperadamente mostró su pericia con relación a la crisis, fue alabado en los medios. En esa ocasión, la prensa europea celebró con júbilo la estabilidad de las instituciones europeas en tiempos de crisis: "Por no imaginar lo que habría pasado si las economías sociales europeas no hubieran tenido el escudo de las instituciones de la UE y del euro," escribía el 14 de octubre el diario húngaro Népszabadság. "Las semanas pasadas nos han llevado a la siguiente opinión: Sin una verdadera unión política, Europa no está ni siquiera en condiciones de dar otras respuestas a las crisis que aquellas que ha exprimido recientemente con inmensos esfuerzos."
El periódico El País veía una doble ventaja para la Unión Europea al verse respaldada por la eurozona y el Banco Central europeo: "por una parte, no es el origen de la crisis, lo que prueba que su mercado está mejor regulado; por otra – y aunque esta idea pueda resultar ofensiva a oídos británicos –, cuenta con su propio modelo."
El avance de Sarkozy
Aunque los medios celebraron el plan conjunto de acción de la UE, para muchos fue demasiado lejos la exigencia del presidente en funciones de la UE, Nicolas Sarkozy, de institucionalizar un gobierno económico europeo. "¿Fondos estatales con participación en las industrias fundamentales? Y esto [sale] nada menos que de un gran político conservador. ¿Qué será entonces lo siguiente? Qué tal vendría una administración central, si es posible a lo largo y ancho de Europa," se preguntaba acalorado el blog del periódico financiero alemán Handelsblatt el 12 de octubre. Se notaba que el deseo de Sarkozy de "dirigir a Europa con iniciativas que han fracasado hasta el momento para consolidar a la vez el modelo intervencionista francés en las empresas."
Por su parte, el homólogo checo de Sarkozy, Václav Klaus, advertía el mismo día en un comentario como colaborador invitado en el diario Mladá fronta DNES: "Pero no busquemos levantar nuevos sistemas artificiales dirigidos desde ya contra un mercado que funciona con normalidad." En cambio, el diario italiano Corriere della Sera simpatizaba el 7 de noviembre con los planes de Sarkozy. Una presidencia económica europea – una suerte de G4 con Gran Bretaña, aun fuera de la eurozona – sería indispensable.
Grandes expectativas
A pesar de la abundancia de iniciativas europeas y con vistas a la cumbre financiera de los 20 países industrializados más importantes y emergentes (G-20) que se celebró a mediados de noviembre en Washington, los periódicos europeos depositaron sus esperanzas con más empeño en las estrategias globales para un nuevo orden del sistema financiero internacional. "Ofrecerá la oportunidad para que algunas de las economías de países ricos contrarresten una parte del daño que han causado a la coordinación económica global durante la pasada década," como expresaba su esperanza el periódico financiero Financial Times el 3 de noviembre.
La cumbre no supondría más que una etapa, opinaba por el contrario el diario rumano Gandul el 10 de noviembre. Europa debería tomar partido, escribía el mismo día el periódico financiero alemán Financial Times Deutschland: "Si los europeos se mantienen unidos en sus principios en Washington, entonces la fuerza de sus argumentos puede influir de manera decisiva en la reforma de los mercados financieros globales." Muchos periódicos interpretaron este histórico encuentro como un segundo Bretton Woods y como señal de un nuevo orden mundial, en el que los países no occidentales como China juegan un papel muy importante, como se comentaba en el diario holandés Trouw el 14 de noviembre.
Nuevo orden mundial
Con todo, muchos periódicos precavieron asimismo de albergar demasiadas expectativas respecto a los resultados de la cumbre, en la que los Estados y representantes de las instituciones de Bretton Woods [bancos mundiales, Fondo Monetario Internacional] participantes se pusieron de acuerdo en someter a los mercados financieros a un control más estricto aplicando programas coyunturales y renunciando a nuevas barreras para inversiones o comercio. La cumbre podría suponer sólo un primer paso hacia un orden financiero nuevo global, opinaba en consecuencia el diario danés Berlingske Tidende. Los resultados serían vagos y resultaría difícil constatar si el encuentro marcó el principio o el fin de la crisis: "Pero no cabe duda de que los jefes de Gobierno no aceptarán acuerdos vinculantes hasta la próxima reunión." El diario español ABC vislumbraba "fumata blanca a un largo proceso de trabajo que no acabará con las crisis financieras ni con los ciclos económicos pero que resultará en que la comunidad internacional tendrá mejores instrumentos de previsión, gestión y resolución de crisis."
Reinaba unanimidad sobre el hecho de los jefes de Estado y Gobierno no firmarían acuerdos vinculantes para una nueva estructura financiera hasta su próxima reunión, a celebrarse en abril de 2009 en Londres. Por eso se afirmaba que "de aquí a 136 días veremos en Londres si este conjunto de intenciones ... se traduce en una plataforma coherente que ayude a restaurar la confianza de los operadores en la economía de mercado global," como escribía el periódico portugués Diário de Noticias a la par que acentuaba la relevancia de la participación de Barack Obama, nuevo presidente electo de EE.UU, en el próximo encuentro. El futuro máximo representante de la economía política más grande del mundo no estuvo presente en la cumbre del G-20 celebrada en Washington.

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