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Buscando el sentido
de Gaby Mahlberg
A medida que avanza la crisis financiera se va extendiendo la inseguridad. La crítica al capitalismo encuentra mucho eco. Los marxistas y los cristianos propagan modelos sociales alternativos. La prensa europea comenta la búsqueda del sentido y cómo las personas se aferran a valores invisibles.
La elección de las palabras lo dice todo. La prensa ya lleva semanas repitiendo los conceptos de "inseguridad” y "pérdida de confianza” de la sociedad. Tras la explosión de la burbuja financiera se extiende la inseguridad porque los fenómenos que han llevado a la crisis escapan al juicio.
"El sano juicio me enseña que puedo solucionar problemas recurrentes si ataco las causas de los mismos. ... Pero en la crisis económica global será difícil –como si el sano juicio no funcionara ya más,” escribe el sociólogo esloveno Andrej Fištravec el 4 de noviembre en el periódico Večer. Nos encontramos ante un "acontecimiento colosal”, cuyas "consecuencias no son previsibles todavía”, una "hora cero del neocapitalismo”, apuntaba el publicista y filósofo francés Bernard-Henri Lévy en la revista semanal Le Point del 10 de octubre.

Andrian Keye escribía en el diario Süddeutsche Zeitung del 11 de noviembre que "la crisis financiera actual ha alcanzado un plano abstracto que sólo pocos pueden explicarse.” La desconfianza se proyecta no sólo hacia los banqueros y los presuntos culpables de la crisis financiera y económica, sino también hacia el sistema capitalista. "La crisis global alimentará aún más la desconfianza frente al capitalismo,” opinaba Ulrich Schäfer también el 11 de noviembre en el mismo periódico. "Las personas presienten que se está gestando algo que agitará sus vidas. Y que después de una era de creciente bienestar sólo puede llegar una era del 'menos': menos confianza, menos ingresos, menos puestos de trabajo, menos estabilidad.”
La confianza en la estructura capitalista de mercado desaparece. "La crisis estadounidense se ha expandido de un modo tan contundente porque la confianza en el sistema está fuertemente dañada,” expresaba Sever Voinescu el 22 de octubre en el semanal rumano Dilema Veche. De esta manera, sorprende poco que muchos se hayan acordado de repente de Karl Marx y de su clásico de la crítica al capitalismo, "El capital". "Ya decía Marx que el capitalismo, entregado a sí mismo, se devoraría,” citaba el periodista y escritor portugués Miguel Sousa Tavares en el periódico Expresso el 22 de septiembre y continuaba preguntando: "¿Qué ha faltado? Moral por parte de los capitalistas y cumplimiento del deber por parte de los gobernantes.”
Marx vive
La quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers en septiembre parecía confirmar las teorías marxistas; hasta el Gobierno de los EE.UU., conservador y liberal, parecía querer comprar a los bancos afectados del país los créditos corrompidos por valor de 700.000 millones de dólares. El diario húngaro Népszabadság se planteaba el 24 de septiembre la cuestión de si el capitalismo había llegado a su fin: "Incluso renombrados economistas declaran que el Gobierno conservador de Bush ha elegido una solución socialista con el fin de salvar el capitalismo norteamericano basado en la libre competencia.”
Sobre todo en el país natal de Marx parecen resultar especialmente atractivas las alusiones al precursor del socialismo. En vistas de la situación caótica del mundo bancario global, que tampoco ha perdonado a Europa, confesaba incluso el ministro de Hacienda alemán Peer Steinbrück en una entrevista con el semanal Der Spiegel del 27 de septiembre que "ciertas partes de la teoría marxista no [resultarían] tan erróneas”. El periódico liberal de izquierda Frankfurter Rundschau titulaba el 9 de octubre "La quiebra del capitalismo” e imprimía una caricatura de Marx sobre un fondo rojo. Ralf Dorschel se preguntaba el 11 de octubre en el Hamburger Morgenpost respecto a la estatalización de los bancos: "¿Tenía Marx de verdad razón? –El filósofo que junto a Friedrich Engels reclamaba en el Manifiesto comunista la 'centralización en las manos del Estado a través de un banco nacional con capital estatal y un monopolio exclusivo', se vuelve cada vez más atractivo en la crisis.”
"Marx vive” anunciaba en consecuencia el semanal alemán Die Zeit en su edición online del 24 de octubre. El capital viviría "en vistas de la crisis financiera internacional 'un renacimiento'”. Die Zeit se refiere a la editorial berlinesa Karl-Dietz, que sólo en las primeras tres semanas de octubre habría vendido 417 ejemplares del clásico del socialismo. También la venta anual habría subido enormemente. Hasta 2004, la editorial vendía anualmente apenas 100 volúmenes de Marx. Este año, ya irían por los 2.500. Se esperaría aún más.
Algo similar se puede observar en Francia, donde hasta ahora las editoriales universitarias apenas vendían 50 ejemplares de El capital. De repente, la demanda de Marx se ha más que triplicado. "Impulsado por el miedo a un quiebre del sistema” habría "vuelto a tener el favor de los escaparates.” Se puede pensar sobre Marx lo que se quiera, escribía Le Figaro el 24 de noviembre. Pero él comprendió al menos que el capitalismo es "un asunto de alcance mundial”.
La "crisis de confianza en la economía financiera” no sería meramente global, sino nada menos que una "crisis de fe”, opina el economista religioso Peter Seele. En el periódico austríaco Der Standard del 15 y 16 de noviembre habla incluso de una "caída en picado de la confianza” de dimensiones casi religiosas. En la búsqueda de una "filosofía de las finanzas”, Tomáš Sedláček –director de estrategia económica del Banco ČSOB– utiliza en consonancia algunos ejemplos bíblicos en la revista semanal checa Respekt del 24 de noviembre. Antes de la "llegada a la tierra prometida” se debería "atravesar el desierto”. Antes del "perdón de los pecados” está "el sacrificio de Jesucristo”, y antes del "viaje al paraíso” habría un "descenso al infierno”.
El ser humano en el centro
El marxismo y la religión están muy unidos, en tanto las iglesias se remiten a los principios de la doctrina social cristiana. De esta manera, el jefe de la Iglesia Anglicana de Inglaterra, Rowan Williams, criticaba en un artículo para la revista semanal The Spectator del 27 de septiembre la "increíble magnitud de ficción” y la alienación que había acompañado a la crisis. Reclamaba el retorno de la "unidad entre dinero y realidad material”, así como una mejor regulación de los mercados financieros. Pero no se debería establecer un sistema centralizado según el "ejemplo soviético”, afirmaba el arzobispo. En su interpretación del capitalismo como una "mitología” que suscribe a las cosas inmateriales "realidad, poder y capacidad de acción”, habría tenido razón Marx. De esta "mitificación” del capitalismo habría que tomar distancia.
De manera similar, el presidente del Consejo de la Iglesia Protestante, Wolfgang Huber, aclaraba que la crisis de la economía mundial estaba basada en el "baile en torno al vellocino de oro”, "cuyos actores habrían caído presa de su propia codicia.” Wolfgang Thiedmann advertía al respecto a las iglesias en el semanal Rheinischer Merkur del 6 de noviembre "de que pensaran muy bien qué comentarios hacían sobre la crisis.” La crítica a la economía de crédito tendría "éxito de público, pero [sería] poco productiva.” Éxito de público ha tenido la nueva obra del arzobispo católico de Múnich y Freising, Reinhard Marx. No sólo el nombre del antiguo obispo de Trieste recuerda al crítico del capitalismo. En su libro titulado provocativamente "El Capital", el católico Marx reclama a los detentores del poder que pongan a los seres humanos en el centro del comercio económico. No sería, sin embargo, "un izquierdista”, de acuerdo a los círculos de la Iglesia. "Al realzar la nueva izquierda la codicia de dinero y el fracaso de algunos como acusación contra la economía social de mercado y al estigmatizar el orden libre como 'capitalista', no consigue más que una 'simple calumnia'”, escribe el director de la Oficina Central de Ciencias Sociales católicas de Alemania, Antón Rauscher, también el 6 de noviembre en el mismo periódico.
El interés por la economía de la Iglesia católica no resulta totalmente nuevo o asombroso. Ya el 15 de marzo, el jesuita Luciano Larivera había reclamado en la revista La Civiltà Cattolica nuevas reglas para el mercado financiero. E incluso el Papa se encuentra actualmente escribiendo la encíclica "caritas in veritate” sobre la crisis financiera, que saldrá el próximo año, informa la revista italiana Panorama el 30 de octubre.
Nuevas estructuras
Con todo, los dirigentes eclesiásticos no se deberían mezclar demasiado en el debate económico, advertía Alexander Kissler en el Süddeutsche Zeitung el 14 de noviembre. En este momento se lleva los mayores aplausos "quien condena el capitalismo y lanza reproches contra la competencia, quien acusa a los riesgos y juzga los excesos.” Pero la Iglesia no debería "delegar su responsabilidad tradicional en cuestiones de conciencia moral y salvación del espíritu ... a ningún Leviatán.”
Mientras que las iglesias son criticadas en Alemania por su intromisión, Alberto Gatón Lasheras escribe el 14 de noviembre en el periódico regional El Diario Montañés que España debería estar contenta de tener a la Iglesia católica, pues ésta ayudaría "a los olvidados de una sociedad que ha endurecido su corazón debido al materialismo.” Ya sea un Estado secular o no, sería la "luz amiga en la noche vital de las primeras víctimas de la crisis capitalista.”
En la búsqueda de un sentido, los educadores sociales cristianos no desean ser confundidos con un grupo de izquierda y los marxistas están a favor del principio de justicia social de las iglesias, pero no ven en la libertad de la acción social ninguna solución a largo plazo. De la doctrina social cristiana se podría decir ya hoy "que en la próxima gran crisis se dejará de lado como irrelevante”, escribe el filósofo Frieder Otto Wolf el 21 de noviembre en el semanal Freitag. Lo que se necesitaría son nuevas estructuras. La pregunta es "qué tipo de proyecto de transformación se impondrá en relación a la crisis estructural.”

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Original en Alemán
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