Menú del campo:Home
Home / Revista de prensa / Archivo / Magazine / Actualidad / La zona conflictiva del Cáucaso / Fondo
El círculo de tiza caucásico
de Salome Asatiani
Georgia, Armenia, y Azerbaiyán se consideran países caucásicos. Pero llevan desde el final de la Unión Soviética intentando construir sus propias identidades y perspectivas políticas.
Tras la reciente guerra entre Rusia y Georgia está claro que Rusia ha retornado a lo que considera su "extranjero próximo” y que está dispuesta a utilizar la fuerza con el fin de asegurar su influencia.

Foto: AP/ Shakh Aivazov
El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, afirmó sin rodeos el 31 de agosto: "Para Rusia, igual que para cualquier otro país del mundo, existen regiones donde tiene intereses privilegiados”. Queda fuera de dudas que el Cáucaso del Sur – una región geopolíticamente importante que conecta el Mar Negro y el Mar Caspio, e incluye Georgia, Armenia y Azerbaiyán – es una de esas áreas.
Se puede interpretar como muy significativo el hecho de que la primera guerra que Rusia se atrevió a llevar adelante desde la caída de la Unión Soviética más allá de sus fronteras fuera en Georgia, que se encuentra más al oeste de las tres naciones del Cáucaso. Occidente, ha señalado Moscú, debe permanecer alejado de su esfera de influencia – sus "intereses privilegiados”.
Más allá de las montañas
Estos intereses representan los productos del pasado imperial de Rusia – como también lo es la región misma. El término "Cáucaso del Sur” es intercambiable en su uso con la noción de "transcáucaso”, que vuelca la traducción de la palabra rusa Zakavkazie, acuñada para denotar la parte del imperio que estaba más allá de la línea de las montañas del Cáucaso, visto desde una perspectiva norte.
Antes de la conquista imperial rusa a principios del siglo XIX, los habitantes de estos territorios no compartían mucho que pudiera constituir una identidad regional. Se identificaban en términos más locales, o como parte de amplias comunidades – como sujetas al Imperio Persa o al Imperio Otomano. Pero una vez creado e impuesto el concepto de "Cáucaso del Sur”, algunas formas de unidad política y cultural genuina emergieron entre los armenios, los azerbaiyanos y los georgianos.
Un hospitalario señor de bigotes
En 1918, antes de la sovietización, se estableció una breve Federación que incluía a las tres naciones. Después hubo una República Socialista Federal Transcaucásica Soviética, que existió dentro de la Unión Soviética entre 1922 y 1936.
Numerosas canciones, novelas y películas – la mayoría, pero no todas, producto de la cultura soviética – resaltaban las conexiones entre las tres. Los ejemplos incluyen la novela de Kurban Said "Ali y Nino”, publicada por primera vez en 1930 y que cuenta una historia trágica de amor entre un hombre azerbaiyano y una mujer georgiana; la película de Giorgi Daniela "Mimino”, sobre la amistad entre un georgiano y un armenio encallados en Moscú; o el trabajo de Sergo Parayanov – el famoso inconformista de la era soviética. El director armenio nacido en Tbilisi, quien ofreció en películas como "Sayat-Nova” (1968) y "Ashug-Karibi” (1988) una única y poética confluencia de las tres culturas caucásicas.
A nivel más popular, la cultura soviética ofrecía incontables chistes sobre "un georgiano, un azerbaiyano y un armenio...”, todos basados en los estereotipos generales de los "caucásicos” como hospitalarios, excéntricos, impulsivos, de pelo oscuro y – en el caso de los hombres – de tupido bigote.
Mitos nacionales
Los esfuerzos para la construcción de una nación y un nacionalismo más intenso han llevado a un mayor énfasis en las narrativas tradicionales respecto a la nacionalidad. Para la memoria nacional armenia, la masacre de los armenios acontecida durante los últimos días del Imperio Otomano representa uno de los momentos clave que Ereván aspira a que se reconozca como un "genocidio”. Para Azerbaiyán, uno de los momentos de definición llegó en enero de 1990 con la violenta represión de las protestas civiles por parte de las fuerzas soviéticas. Está conmemorada en el Memorial de los Mártires en Bakú y ha pasado a significar el nacimiento del Azerbaiyán independiente. (Es de notar que la intervención se llevó a cabo bajo el pretexto de parar ataques antiarmenios en Azerbaiyán). Las historias de subyugación y resistencia son de extrema importancia para la memoria nacional georgiana. La reciente guerra entre Georgia y Rusia se convertirá probablemente en el último capítulo doloroso de dicha historia.
El factor de la religión y las diferencias religiosas han adquirido un significado particular. Georgia y Armenia están orgullosas de contar entre las primeras civilizaciones cristianas del mundo, pues la llegada del cristianismo a esas tierras data del siglo IV. Pero los dos países se adhieren a dos vertientes diferentes de la religión: Armenia, a su propia Iglesia apostólica, y Georgia, a la Iglesia ortodoxa. Azerbaiyán, por el contrario, es fundamentalmente un país musulmán de mayoría chií.
Para Georgia y Armenia, la existencia de un alfabeto común ha sido otro factor estructural para la formación de identidad. No es casual que la mayoría de los lugares que se han convertido en potentes símbolos de la identidad de ambas naciones estén relacionados a la religión o a la escritura. Éstos incluyen la ciudad de Miskheta – la capital del temprano reino georgiano de Iberia, donde el cristianismo fue declarado por primera vez religión estatal; o el Instituto de Manuscritos Antiguos Matenadaran, en Ereván.
Vínculos regionales
En la era postsoviética, los tres países han cooperado generalmente poco a nivel interestatal. El petróleo y los gasoductos, construidos para transportar energía de Azerbaiyán a Turquía a través de Georgia, han sido las facetas más importantes de la colaboración. Pero, por otro lado, las relaciones de estos países vecinos no han sido siempre muy amigables, particularmente a la luz de la sangrienta guerra que enfrentó a Armenia y Azerbaiyán entre 1988 y 1994 por el Alto Karabaj, el conclave de etnia Armenia en territorio azerbaiyano. Esta guerra resultó en una tensa resistencia entre los dos países que complica cualquier dialogo de unidad entre ellos.
Georgia y Occidente
Las perspectivas en política exterior desarrolladas por los tres países han sido marcadamente diferentes. Georgia ha crecido cada vez más orientada hacia Occidente, persiguiendo activamente su integración en las estructuras euro-atlánticas – e incluso buscando identificarse con otras formaciones regionales, por ejemplo el Mar Negro y los países del sudeste Europeo, o el GUAM, un acuerdo regional de la CEI (Comunidad de Estados Independientes) que agrupa a Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia. Armenia se ha visto más atada a Moscú. Azerbaiyán, rica en recursos de petróleo y gas, ha podido permitirse el lujo de nadar entre dos aguas.
En la actualidad es difícil decir qué supondrá el fuerte resurgimiento de Rusia para el Cáucaso del Sur como región; si, y en qué medida, reforzará la unidad regional. Pero una cosa es segura: Si Rusia tiene éxito en la persecución de sus "intereses privilegiados”, los países individuales de la región se verán privados del derecho de buscar sus propias perspectivas, intereses e identidades, a menudo muy diversas.

» de la lista de autores
Original en Inglés
Publicado primeramente en Radio Liberty / Radio Free Europe
![]()
Se ha obtenido la licencia para el texto en
Creative Commons license by-nc-nd/2.0/de.
Más artículos sobre el tema » Historia, » Cultura cotidiana, » Religión, » Ampliación de la UE, » Georgia
Más de la revista de prensa sobre el tema » Historia, » Cultura cotidiana, » Religión, » Ampliación de la UE, » Georgia