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Posguerra en Georgia
de Uwe Halbach
El conflicto de Georgia no fue el preludio de una nueva Guerra Fría pero muestra la facilidad con la que se pueden alterar las relaciones entre Rusia y la UE. ¿Cómo va a seguir la situación en el Cáucaso y qué papel desempeñan otros conflictos regionales de secesión?
La guerra entre las tropas rusas y georgianas en agosto de 2008 salpicó a la esfera política mundial con más fuerza que ningún otro acontecimiento anterior en el Cáucaso. Sin embargo, la llamada Guerra de los Cinco Días fue con diferencia la más breve de un total de 6 guerras que han sacudido esta región desde 1991. Ni siquiera las dos guerras en Chechenia, en el Cáucaso del Norte, el peor acto de violencia en el territorio de la CEI [Comunidad de Estados Independientes] y que produjo de largo el mayor número de víctimas mortales civiles, causaron tanta sensación como esta breve guerra con un número de víctimas mortales situado más bien en unos cientos.

La razón estriba en que Rusia se vio envuelta por primera vez en la etapa postsoviética en un conflicto militar con un Estado vecino soberano, en concreto con el vecino de la CEI que se había movido más en dirección euroatlántica en su política de Asuntos Exteriores y Seguridad. Esta dimensión movilizó términos geopolíticos clave: guerra por elevación, nueva Guerra Fría, guerra por petróleo, cambio en la política mundial, etc. Se comparó con el 11 de septiembre de 2001 y con otras brechas en las relaciones internacionales. Muchas de estas comparaciones eran un disparate. Otros términos clave – como la guerra por el petróleo o guerra de segundos que aluden a los conflictos de intereses ruso-estadounidenses en el Cáucaso – contienen una cierta parte de verdad pero no dejan de ser fórmulas simplificadoras. Quien hable de nueva Guerra Fría debería recordar para denominar qué magnitud de confrontación entre sistemas, ejércitos e ideologías del bloque del Oeste y del Este surgió este término. La verdadera alteración de las relaciones por el conflicto de Georgia entre Rusia y Occidente no se puede comparar con ella.
Reacciones rusas
Fedor Lukjanov, destacado comentador de la política rusa de Asuntos Exteriores, nombra las siguientes consecuencias del conflicto de Georgia para Rusia y su relación con Occidente: En primer lugar, las diferencias en la percepción entre Rusia y Occidente se han manifestado de modo más evidente que en todas las anteriores diferencias. La gran mayoría de los ciudadanos rusos ve la reacción del Gobierno ruso como totalmente justificada y necesaria, y estaba conmocionada de que Occidente apoyara a Mijaíl Saakashvili. Justo por lo contrario se conmocionaba Occidente: por la ausencia de voces autocríticas y el chovinismo que acompañaba el conflicto de Georgia en Rusia. En segundo lugar, se debe constatar un cambio en la política rusa de Asuntos Exteriores. Según Lukjanov, para Rusia ya no está en primera línea integrarse en el sistema internacional, sino consolidar su propio ámbito de influencia.
En un programa de cinco puntos que el presidente Medvédev formuló tras la guerra de Georgia se subraya el derecho de intervención para la defensa de los ciudadanos rusos en el extranjero. Esta pretensión, que Rusia naturalmente ya había planteado en otras ocasiones anteriores, llama la atención tras la guerra de Georgia a los vecinos de Rusia situados desde el Báltico hasta Asia Central. En otro punto se habla de las zonas de interés de Rusia, que se refieren sin nombrarla a toda la región postsoviética. A todo ello se oponen otros acentos en las declaraciones de Medvédev sobre política de Asuntos Exteriores: el relieve del derecho internacional, la renuncia a una política de confrontación, la demanda de un orden mundial multipolar. Rusia, por el contrario, ha actuado unilateralmente en su política para con Georgia y no se ha orientado al derecho internacional. Con el reconocimiento internacional de Osetia del Sur y de Abjazia se ha obrado en contra de resoluciones existentes del Consejo de Seguridad de la ONU y se ha pasado de la "anexión a hurtadillas” de estos territorios, como se lo llevaba años reprochando Georgia, a un Gobierno abierto de protectorado. No se ha prescindido de una política de confrontación; Rusia ha desplegado por primera vez en la época postsoviética fuerzas militares fuera de su territorio estatal. En la zona postsoviética se ha llegado con ello a una polarización de las relaciones internacionales que dificulta a los Estados de la CEI dirigir su política en muchas direcciones y mantener un equilibrio entre Rusia y sus socios occidentales.
¿Cómo es la situación en los países vecinos de Rusia y Europa?
La mirada se extiende ahora más allá de Georgia y del Cáucaso a otras partes de los vecinos comunes de la Unión Europea y Rusia. Se dirige a la zona del Mar Negro, especialmente a Ucrania y allí, a su vez, sobre todo a la península de Crimea como punto candente en las relaciones ruso-ucranianas, que podrían ser arriesgadas. En Crimea encontramos una mezcla explosiva de factores que podrían fomentar una prolongación del conflicto georgiano en la zona del Mar Negro – compatriotas rusos en el "extranjero próximo”, estacionamiento de la flota rusa del Mar Negro en Sebastopol, colisión de concepciones opuestas de la Historia. Y además, sigue habiendo allí otro conflicto de secesión aún no solucionado en el Mar Negro – el que existe entre Moldavia y Transnitria, en el que Rusia también juega un papel clave y donde actualmente intenta alcanzar una postura de monopolio por encima de otros actores implicados en el desarrollo del conflicto.
Esto constituye un desafío para la política del Este europea y alemana. Precisamente Alemania intervino en el pasado en ambas: en una cooperación europea con Rusia, pero también en la soberanía de los "nuevos Estados independientes” de la zona de la desintegrada Unión Soviética. Alemania era una fuerza motriz para la ampliación de la política comunitaria de los países vecinos en el Cáucaso y para una estrategia comunitaria central. La pregunta crucial que Alemania plantea a Rusia es: ¿Qué piensas de la soberanía de tus vecinos? Según declara su comisaria de Asuntos Exteriores, Ferrero-Waldner, la UE se dispone a una política reforzada de vecindad en el conflicto de Georgia. Los detalles al respecto deben presentarse a principios de diciembre. Con la evolución en Georgia ha surgido una "sensación de urgencia”. Para los vecinos de la zona de la ex Unión Soviética, según Ferrero-Waldner, se van a abrir ahora prácticamente todas las puertas – menos la del ingreso a la Unión. Además, la UE ha entrado en juego gracias a su misión de observación como un actor principal para garantizar la tregua en Georgia. Las preguntas críticas deben plantearse en relación con la Guerra de los Cinco Días por supuesto no sólo a Rusia sino también a la parte georgiana.
¿Segunda Revolución de las Rosas?
La época de posguerra en Georgia retorna posiblemente a una crisis política interna que desde otoño de 2007 se había perfilado como preludio de las elecciones parlamentarias a la presidencia y que había cuestionado al presidente Saakashvili y su estilo autoritario de Gobierno. Durante la guerra, la mayoría de las fuerzas opositoras sellaron una paz civil con el Gobierno. Mientras las tropas rusas estuvieran en Georgia y Moscú justificara sus medidas militares también en el sentido de un "cambio de régimen”, la población llevó a cabo un acto solidario con su presidente, al que en otras circunstancias se le habían planteado preguntas críticas sobre su ofensiva en Osetia del Sur. Entretanto ha empezado la "fase de las preguntas”: La anterior presidente del Parlamento Buryanadze, ahora unida a la oposición, ha publicado recientemente 43 preguntas sobre la guerra referidas a la época anterior al encontronazo, a la toma de negociaciones de guerra, al transcurso de la guerra y a la retirada de las tropas.
El presidente Saakashvili anuncia entretanto una "segunda Revolución de las Rosas”, lo que significaría: un esfuerzo robustecido para la democratización. En sus esfuerzos por apoyar al país dañado por la guerra y por reforzar su integridad territorial, los socios occidentales de Georgia deben considerar críticamente el balance de la "primera Revolución de las Rosas”. Esto resulta especialmente válido para la política de reintegración forzada, la reducción de partes disidentes del país bajo la estatalidad georgiana. Con su mezcla de iniciativas pacíficas y militares frente a Abjazia y Osetia del Sur, esta política de conflicto no era adecuada para sembrar la confianza entre las partes litigantes internas. Con ello se favorecía el empeño de Rusia de entrar en juego como fuerza protectora para ambas figuras de secesión. Según las declaraciones del portavoz georgiano, la élite de poder alrededor de Saakashvili estaba al final tan cerrada en sí misma y alejada de la sociedad que apenas estaba en condiciones de tomar decisiones sensatas. La solidaridad occidental con Georgia frente al poder político ruso y la ayuda financiera masiva para la reconstrucción civil deben ir unidas ahora a unos condicionamientos estrictas.

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Original en Alemán
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