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Escuela de lenguas
de James Hopkin
Visionario, impactante, en movimiento: El escritor inglés y vagabundo literario James Hopkin acerca de la fuerza de la literatura europea que atraviesa fronteras.
O Europa furore! Cuando unas fronteras se derriban, otras se levantan. Los bancos están colapsándose ahora y los países individuales se ocupan de salvar sus propios consorcios; parece que la idea de una Europa unida puede existir sólo en el papel, en la página, en la literatura. Porque, por supuesto, una unificación de ese tipo es sólo una ficción, una gran idea que tiembla con cada fluctuación en las realidades económicas y políticas.

"El hombre que ama su 'patria', su 'nación', por encima de todo lo demás ha cancelado todo compromiso que pudiera tener hacia la solidaridad europea”, escribió Joseph Roth en los años 30. Roth es quizás el escritor más europeo que haya leído. No sólo porque viviera una vida itinerante que lo llevó de una pequeña población de Galicia [Europa Central] a Berlín y más tarde a París, no sólo porque viviera (y documentara de manera hermosa) el final del Imperio Austro-Húngaro, la Primera Guerra Mundial y las tensiones sociales, políticas, interraciales hasta la Segunda (al ser de origen judío estaba en una buena posición para hacerlo), sino porque poseía una visión europea. Sí, su visión era la de una Europa unida, culturalmente vibrante, aunque fue lo suficientemente inteligente como para pintar a todos aquellos que se cruzan en el camino de este idilio plurilingüístico: capitalistas avariciosos, activistas de derecha, expatriados ebrios, las clases medias ignorantes.
Vagando y escribiendo
Ahora estamos viviendo un resurgimiento de la derecha (todas las miradas se dirigen a Austria), así como la merecida pena del capitalismo (todas las miradas se dirigen a Occidente) – la peor recesión, según dicen, desde los años 20 – el tiempo está maduro para un resurgimiento de la literatura europea y esta nueva literatura europea debe estar inspirada por los escritores que miran más allá de las fronteras de sus propios países. ¿De los escritores en vida? Pondría primero a László Krasznahorkaj, un gran escritor húngaro afincado ahora en Berlín, pero un hombre que pasa tanto tiempo vagando como escribiendo. También su compatriota, Péter Esterházy. Ambos escriben obras universales de tono oscuro (el primero) e irónicamente astuto (el último).
Los grandes escritores polacos
Después viene Andrzej Stasiuk, de Polonia, explorando desde hace más de una década los patios traseros de Europa (incluida la Galicia de Roth) y empeñado hasta la extenuación en encontrar qué significa la idea de Europa y dónde se encuentra. Y ¿qué podemos hacer allí? Igualmente, la nueva novela de Olga Tokarczuk, 'Bieguni' (Los errantes), que recientemente ha sido galardonada con el premio literario más prestigioso de Polonia, el 'Nike', considera las fervientes migraciones que están acaeciendo a lo largo y ancho del continente. ¿Qué sucede con el sentido del hogar? ¿Puede encontrarse el sentido sólo en el movimiento? ¿O he dejado atrás mi verdadero yo?
En efecto, Polonia, una pluma en el frasco de tinta de la Historia, ha producido varios de los grandes escritores europeos. Los colección de poemas de Zbignieew Herbert, quizás el mayor poeta del país, fallecido hace diez años, están a punto de aparecer en las librerías europeas. Después están Rożewicz, Konwicki, Szczypiorski, cuyos detalles a veces localizados desmienten la Historia europea que los lleva.
Aprendiendo lenguas
Pero, ¿dónde estoy ahora? Ah, sí, en Gran Bretaña. (Pero poco tiempo. Pues yo, también, soy un vagabundo literario). - Y aquí, ¡una escasez de traducciones! Pocos editores corren el riesgo. Y aún menos ahora que los mercados monetarios mundiales han buceado hacia la depresión económica. ¡Cómo envidio la abundancia de traducciones que veo en las librerías de Berlín o de Varsovia! ¿Cómo puedo ser europeo si estoy privado de tantos autores? ¿Debería acaso dejar de escribir y dedicarme a aprender las lenguas de todos los demás?
Aprendería el checo de Bohumil Hrabal, Ivan Klíma y Jan Neruda, el croata de Miroslav Krleža, el portugués de Agustina Bessa Luis y de Herberto Helder, el francés de Colette y Julien Gracq, el georgiano de Otar Chiladze y Aka Morchiladze, el rumano de Gellu Naum, el serbio de David Albahari, el alemán de los no-alemanes, Robert Walser y Thomas Bernhard, el húngaro de Antal Szerb y Sándor Márai, el ucraniano de Igor Klekh, el estonio de Jaan Kross y el ruso de Andrei Bitov, uno de los mejores novelistas en vida, intocable en patrias, paisajes, ecología – un escritor del que estamos sumamente necesitados.
Todo es uno
"Ya no voy más 'al extranjero”, escribió Roth. "Ésa es una noción que quedó de los tiempos de la diligencia”. Hoy en día, esto es incluso más cierto (asumiendo una escala variable de veracidad); simplemente hacemos correr nuestra maleta de libros y pertenencias sobre la frontera no vigilada, introducimos tarjetas SIM en nuestros teléfonos móviles, cambiamos nuestras monedas por la divisa adecuada, averiguamos cómo decir 'por favor' y 'gracias' y 'buen día' en la próxima lengua y continuamos nuestro camino. Así que la pregunta que se debe plantear no es: ¿Existe la literatura europea? Sino: ¿Existe un lector europeo?
Y sólo tú puedes responderlo.

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Original en Inglés
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