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La pirámide inversa
de Katharina Schneider
Islandia era antes un modelo económico a seguir, pero en otoño de 2008 se encontró al borde de la bancarrota estatal y sólo pudo ayudar un crédito del FMI por valor de 1.700 millones de euros. Ahora el pueblo reclama una nueva Islandia –¿como miembro comunitario?
Las economías van cayendo víctimas de la crisis financiera; a Islandia le ha tocado sufrir algunos de los efectos más severos a nivel mundial: bancos nacionalizados, el fracaso de su divisa, un abultado crédito de rescate del FMI, la dimisión de un Gobierno y un apabullante desempleo extendido en múltiples sectores. La prensa ha recogido la discusión sobre quién es el culpable desde la caída financiera de octubre de 2008, además de cubrir a diario el impacto a gran escala de la crisis en la política, los negocios y la sociedad de Islandia.
Rauda caída desde el estado de gracia
La prensa islandesa preguntaba cómo había podido caer el país desde su envidiable posición de otra época. "Hace sólo unos pocos años, Islandia tenía muchas cosas de las que sentirse orgullosa. ... Los negocios estaban floreciendo y Reykjavík era un destino de viaje popular para los ricos. ... Ahora, la moneda ha colapsado, … los ahorros de toda una vida se han desvanecido … Los gastos en comida y petróleo están subiendo constantemente y las tasas de interés alcanzan ya el 20 por ciento, se está volviendo imposible manejar los endeudamientos nacionales”, citaba el diario Morgunblaðið al periódico británico The Independent el 26 de enero. Publicar artículos traducidos de la prensa extranjera se ha convertido en una práctica establecida entre los medios de comunicación islandeses.

Dado que el Gobierno islandés continuaba garantizando los bancos nacionales, aun cuando sus adquisiciones masivas crecían mucho más allá del alcance de la minúscula infraestructura de la nación, muchos han culpado a los líderes políticos y económicos de la quiebra financiera nacional y han criticado la avaricia de los tres bancos más grandes del país. En octubre de 2008, el volumen financiero excedía diez veces el PIB: "El primer error se cometió al privatizar los bancos a principios del milenio sin definir ningún tipo de reglas básicas. A los felices banqueros se les dio vía libre y asumieron préstamos y se alejaron de toda proporción con meras cifras sobre el papel para defender sus conglomerados. Una vez que la crisis crediticia llamó a la puerta y los préstamos dejaron de fluir, se colapsaron ... como una pirámide invertida,” escribía el editor de la página web Iceland Review el 17 de octubre.
Fracaso gubernamental
A medida que las condiciones empeoraban, la indignación de la poco numerosa población islandesa crecía: "Nuestro Gobierno ha jugado a la ruleta rusa y ha arruinado la reputación de toda una nación. ... [El Gobierno británico] nos aplicó legislación antiterrorista y ahora estamos en compañía de las naciones más sombrías del mundo,” afirmaba el renombrado escritor Einar Már Guðmundsson en su discurso de apertura del primero de una serie de manifestaciones celebradas en Reykjavík el 27 de octubre de 2008. Se refería a una acción antiterrorista llevada a cabo en 2001 por el Gobierno británico para congelar las participaciones bancarias en Gran Bretaña.

Las crecientes protestas públicas estaban cada vez más dirigidas hacia personalidades oficiales concretas. Los gritos de guerra de los manifestantes que se reunían frente al Parlamento islandés y el edificio del Banco Central y que pedían dimisiones (¡Dimite, David!) encontraron eco en los titulares de los periódicos más vendidos como el diario DV. La estación de radio RUV describía las manifestaciones continuas y crecientemente violentas de la población como un punto de inflexión en la Historia del país: "Se puede afirmar con toda seguridad que el futuro de la política islandesa es ahora incierto.”
El 17 de enero, unas 4.000 personas protestaron contra la actuación del Gobierno en la crisis económica en Reykjavík, informaba el periódico Morgunblaðið. Teniendo en cuenta la pequeña población de Islandia (320.000), se trataba de un acto significativo. El 26 de enero, el Gobierno islandés quebró en condición de primer Gobierno que la crisis financiera global se cobraba. "La era del neolibertarianismo ha llegado a su fin” rezaba el titular del Morgunblaðið cuando se anunció un nuevo Gobierno temporal formado por socialdemócratas y Verdes de izquierda el 2 de febrero. El periódico concluía que "todos están de acuerdo en que se acercan tiempos difíciles ... y los asuntos deben resolverse rápidamente y con eficacia."
Una nueva Islandia
A pesar de las desastrosas implicaciones políticas y económicas de la crisis, la pérdida de la reputación a nivel mundial parecía ser lo que más les hería a los islandeses. "Tenemos que aguantar juntos y ... alcanzar un consenso de restauración. ... Tenemos que reclamar nuestro propio respeto y la autodisciplina de una nación que respeta y aprecia el país, la Historia, la lengua y la cultura que hicieron de ella una nación entre naciones”
Algunos islandeses creían que el principio de una nueva Islandia debería estar marcado por una solicitud de pertenencia total a la Unión Europea. La cantante de pop Björk declaró que "en estas circunstancias, parece ser lo correcto”, escribía el Morgunblaðið el 6 de noviembre. Las ventajas (p.ej., la mejora de la estabilidad económica) y los inconvenientes (p.ej., el control limitado de las directrices sobre agricultura y asuntos fiscales) han sido cada vez más un tema candente de debate en la prensa islandesa durante los últimos meses. El 28 de enero, el periódico de la Asociación de Granjeros, Bændablaðið, dedicó su editorial a los aspectos negativos de ser miembro de la UE, advirtiendo que la agricultura de Islandia sufriría considerablemente si el país pasara a formar parte de la UE.
Debido a la cancelación de los aranceles alimenticios, el número de granjas en activo disminuiría; la industria láctea se encontraría al borde de la supervivencia; la complicada legislación de la UE no encaja en Islandia ni en sus pequeñas empresas agricultoras: "Tendríamos que cambiar las leyes dictadas para países con millones de habitantes a fin de que encajaran en una nación que tan solo cuenta con 300.000”, declaraba el presidente de la Asociación de granjeros Haraldur Benediktsson en una entrevista para el Morgunblaðið publicada el 6 de enero. Lo que causó incluso una mayor preocupación es la política comunitaria de pesca, por la que todos los pescadores tienen igual acceso a las aguas de otros países comunitarios. De hecho, esta política es una de las mayores razones por las que Islandia, miembro de la OTAN, de la EFTA, de la EEA y del área Schengen, se mantiene alejada de la Unión Europea hasta el momento. La industria pesquera islandesa cuenta con la mayoría de los ingresos por exportación del país, e Islandia siempre ha protegido con celo sus ricos recursos pesqueros.
Los defensores de la UE argumentan que Islandia simplemente no tiene otra opción en vistas de la crisis financiera que entrar en la Unión Europea, pero que podría negociar cláusulas o soluciones especiales significativas en su acuerdo de acceso que reflejaran sus intereses. Y de acuerdo a Gylfi Magnússon, ministro de Comercio islandés apartidario, entrar en la UE y adoptar el euro sería la mejor manera de restablecer la credibilidad en la economía del país y de volver a encauzar a la nación en apuros: "Si queremos una divisa digna de confianza,” declaraba Magnússon el 12 de febrero, "adoptar el euro parece la solución lógica ... Mandaría un mensaje claro y seguramente calmaría el mercado”.
Con todo, la mayor preocupación de muchos islandeses es que las necesidades y los deseos de los Estados más grandes de la eurozona siempre irán por delante de las necesidades y los deseos de la pequeña Islandia. Una encuesta publicada en el Morgunblaðið del 26 de enero revelaba que la mayoría de los islandeses (59,8 por ciento) se oponen a que su país entre en la Unión Europea. Los partidos políticos, así como el Gobierno de coalición temporal, están divididos respecto a la pertenencia a la UE del país. Por eso, representará uno de los temas cruciales de la próxima campaña para las elecciones al Gobierno que tendrán lugar en abril.

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