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¿Un nuevo amigo?
de Nikola Richter
¿Qué esperan los europeos del nuevo hombre de la Casa Blanca, de Barack Obama? ¿Y qué espera él de Europa?
Desde la candidatura y la victoria electoral de Barack Obama, de 47 años, hijo de una estadounidense y un keniata, el entusiasmo por los EE.UU. vive en Europa uno de sus momentos históricos más altos. La prensa no sólo lo ha celebrado como el "hombre del cambio” (Le Soir, Bélgica), "nuestro Hussein” (Devnik, Eslovenia) o "el mesías de Europa” (Le Figaro, Francia), sino como "casi europeo” (Cotidianul, Rumanía). Muchos analistas han deseado un Obama para su propio país y se han preguntado si un miembro de una minoría también habría llegado entre ellos al cargo político más alto.

Sin embargo, también surgían dudas aquí y allá: La alegría no debería ser precipitada (Süddeutsche Zeitung, 3 de noviembre de 2008). Le Monde daba a entender que Obama podría llegar a ser un socio difícil para Europa, ya que "Europa conoce bien a Barack Obama, pero no al revés.” No obstante, "Obama tiene posibilidades reales de convertirse, si no ya en un redentor, al menos en un renovador de Estados Unidos”, escribía Gabor Steingart en un ensayo el 26 de diciembre de 2008 para Deutschlandradio. El presidente electo estaría capacitado para motivar a las personas y los tiempos económicamente difíciles podrían obligarlo a tomar decisiones valientes y de largo alcance.
Mayor cooperación
Pero no se trata sólo de los tiempos de crisis en política interna, sino sobre todo en política externa los que deben afrontar Obama y los europeos: Además de la crisis financiera global se avizora una lucha de poder por la energía, en el que dan el tono quienes suministran petróleo y gas, como por ejemplo en el actual conflicto entre Ucrania y Rusia. El mundo ha cambiado durante el Gobierno de Bush y no pueden ignorarse más las nuevas fuerzas políticas como China, India y Brasil. Rusia sale a la palestra una vez más segura de sí misma. Tras el 11 de septiembre de 2001 se movió al centro de atención global primero Afganistán, luego Irak, desde finales de 2008 sacude una guerra a Gaza. ¿Qué espera Europa del nuevo jefe de Gobierno de los Estados Unidos en cuanto al manejo de estas crisis, pero también en la cuestión climática? ¿Cambiarán las relaciones transatlánticas bajo el Gobierno de Obama? ¿Y qué espera EE.UU. de Europa?
Los diferentes planteamientos en política exterior de los Estados miembro europeos pueden observarse en el debate por el escudo antimisiles de EE.UU. en Europa. El publicista francés Jacques Rupnik criticaba las actuaciones individuales de Polonia y República Checa en la negociación de tratados bilaterales con los EE.UU. "Cuando se dieron cuenta de que Rusia y también otros países europeos tenían problemas con ello, intentaron presentar el proyecto como ventajoso para toda la Alianza. ... Por otra parte es ahora prácticamente imposible parar el proyecto", escribía en el semanal checo Respekt el 14 de enero de 2009. La prensa europea se muestra prácticamente segura de que Obama "será en materia de seguridad más exigente respecto a sus socios europeos que Bush”, opinaba el periódico eslovaco Sme el 2 de diciembre de 2008. En el orden del día no estará sólo el escudo antimisiles sino también el refuerzo de tropas en Afganistán e Irak.
El 6 de noviembre de 2008, el presidente de la Comisión de Política Externa del Parlamento húngaro, Zsolt Németh, manifestaba en el periódico húngaro Népszabadság su deseo de obtener una decisión clara de los estadounidenses con relación a Europa Central del Este –también en vistas de la creciente influencia rusa sobre las antiguas repúblicas soviéticas: "Necesitamos a EE.UU., especialmente en un momento en que la política exterior de Rusia vuelve a estar determinada por una clasificación de esferas de interés. La fragilidad de las relaciones transatlánticas supone hoy el verdadero riesgo de seguridad para Europa Central del Este.”
Obama sacaría provecho del aumento de fuerza en política externa de la UE y de la existencia de personalidades líderes europeas, analizaba el periódico holandés De Volkskraant el 25 de julio de 2008, y tendría que actuar junto a Europa: "En los últimos años, Estados Unidos ha chocado contra sus límites en Afganistán e Irak, pero también en otras cuestiones internacionales como el problema palestino-israelí o la confrontación por el enriquecimiento de uranio con Irán. Nicloas Sarkozy y Angela Merkel juegan un papel cada vez más dominante en la diplomacia internacional. Lo que quedó claro después del 11 de septiembre y ahora resulta evidente es el hecho de que nuestro mundo ya no conoce más valores universales cuyos únicos defensores sean los EE.UU. ... Estados Unidos necesita de nuevo a sus viejos socios de la OTAN, con quienes le une intereses comunes y una comunidad de valores.”
Podría incluso suceder que Obama se dejara guiar por modelos europeos exitosos. Ya fuera el modelo del Estado social o el uso de energías alternativas, era lo que esperaban el periódico portugués Diário Económico o el periódico danés Information.
¿Diferente a Bush?
Que los Estados Unidos estén verdaderamente interesados en un mayor diálogo en materia de política externa es algo que, por el contrario, dudaba el periódico finlandés Helsingin Sanomat el 30 de octubre de 2008: "Obama no actuará de modo distinto a Bush por el simple motivo de que en EE.UU. existe un consenso de todos los partidos sobre este tema.” Podría ser también difícil "conciliar la estrategia imperial y unilateral de los Estados Unidos con la flexibilidad europea”, temía el periódico italiano La Stampa el 13 de noviembre de 2008.
La prensa europea consideraba que las cosas no resultarían más fáciles por el mero hecho de que se desvaneciese la imagen de enemigo característica de Bush. Le Monde advertía el 3 de diciembre: "Las relaciones transatlánticas serán seguramente menos tensas que con Bush. Pero los europeos ya no tendrán más una excusa para distanciarse de los EE.UU. El nuevo Gobierno no les regalará nada y requerirá más de ellos.” Por ello, los europeos deberían utilizar la oportunidad del "cambio” para restituir activamente la relación transatlántica. "Mientras no se hayan fijado las relaciones con los EE.UU., es una buena oportunidad de dictarle a Obama la oferta de una nueva cooperación. Quien sólo espere a ver lo que el nuevo hombre de la Casa Blanca requiere un buen día de los europeos, acabará volviendo a aterrizar en una relación en la que uno es el cocinero y el otro hace de camarero”, escribía el Süddeutsche Zeitung el 12 de noviembre de 2008. El País presentaba el 11 de noviembre de 2008 un juicio ponderado. No se debería contar con demasiadas expectativas: "Obama no va a renunciar a que Estados Unidos sea el país más poderoso del mundo desde un punto de vista económico y militar, ni a tomar sus propias decisiones para conseguirlo.” Sin embargo, la relación con Europa cambiaría para bien. Obama habría comprendido que no podría lograrse nada con la anterior política externa.
En relación con las decisiones personales de Obama, sobre todo la de la designación de su ministra de Exteriores –y antigua opositora– Hillary Clinton, la prensa europea se mostraba dividida. La futura ministra está siendo considerada de manera más positiva desde que presentara al senado de los EE.UU. su concepto de "smart power” el 13 de enero de 2009: más diplomacia, ninguna acción unilateral de los EE.UU, una mayor confianza en Europa. "Significaría un alejamiento de la militarización que la política exterior de los EE.UU. ha sufrido con el presidente Bush”, escribía por ejemplo el periódico británico The Times el mismo día. Europa tendrá que aportar más en el futuro, consideraba el periódico portugués Diário Económico ya el 13 de noviembre de 2008: "Los próximos años van a ser ... una elección progresiva estadounidense de ocuparse primero de EE.UU. y después del mundo. ... No siendo ésta una noticia necesariamente mala para el mundo, va a obligar entretanto a revisar muchas ideas y prejuicios. Menos EE.UU. significa más China, más Rusia, más Irán, más India, más Brasil y también un poco más de Europa.”

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Original en Alemán
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