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Labrando en conjunto

de Sven Grimm


La Unión Europea quiere mejorar su política conjunta de desarrollo, que nació hace quince años. En el orden del día están la concentración de la ayuda y un mayor intercambio entre los Estados miembro.


Mientras que la Unión Europea proporciona el marco de la política exterior para una cierta cantidad de países donantes, por ejemplo España y Alemania, otros Estados miembros se coordinan además entre ellos sobre la base de acuerdos alternativos o paralelos. El Reino Unido está integrado en la Commonwealth; Francia tiene socios preferenciales en África; las naciones nórdicas cooperan con las Naciones Unidas o entre ellas mismas.

Foto: AP


La política de desarrollo de la Unión Europea se determina por las relaciones bilaterales de los 27 países donantes y por los programas de la Comisión. Desde la elaboración de un proyecto de trabajo conjunto para el desarrollo europeo en el año 1993, la coordinación forma parte de los tratados de la UE. Durante años se expresaron los deseos en voz alta, pero se hizo poco. La coordinación del trabajo conjunto es ahora prioritaria en la Agenda europea. Si el sistema de países donantes no se ajusta de una vez de manera razonable a los cánones de la Declaración de París, la burocracia de los países socios crecerá con toda seguridad por vez primera.

Trabajo compartido

A nivel de la Unión Europea, se firmó en mayo de 2007 con el Código de Conducta para la División del Trabajo (Code of Conduct on a División of Labour) un importante tratado para la mejora del trabajo conjunto. Todos los miembros se pusieron de acuerdo en once principios para la división del trabajo. Tanto los Estados así como también la Comisión quieren reducir los ámbitos de trabajo de cada socio a tres campos, introducir o ampliar un concepto de países donantes primarios y mejorar en cada país el trabajo conjunto con otros países donantes. Cada país donante, así como también la Comisión, puede tomar la dirección de una determinada área en un país. En el caso ideal, cada socio dirige la coordinación de tal forma que pueda elegir el área y los países donantes de acuerdo a su agenda política nacional. Esto sucede ya en algunos países, en cierto grado por ejemplo en Ghana, Mozambique y Uganda, pero en otros todavía es una mera teoría, ya que faltan las capacidades.

Conocimiento agregado

Las naciones donantes poseen hasta el momento en los mismos países socios intereses distintos. De allí se sigue que los Estados miembro de la UE poseen diferente información. Para dar un ejemplo: ¿cuánto conocimiento agregado puede adquirir Francia en realidad si comparte su información sobre Burkina Faso o Senegal con otros países donantes? ¿Qué le aporta al Departamento para el Desarrollo Internacional británico [Department for International Development www.dfid.gov.uk] participar sus informaciones sobre Uganda, por decir algo, a Holanda? También hay que pensar que la cantidad de representantes de las representaciones locales de los países donantes europeos son diferentes en los países socios. Esto dificulta aún más la coordinación, sin tener en cuenta las normas políticas.

¿Donantes sin segundas intenciones?

Por fin, los Estados miembro se pusieron de acuerdo en 2005 sobre normas europeas unitarias y metas con el Consenso Europeo sobre la política de desarrollo. Sin embargo, éstas poseen una utilidad limitada en el día a día. La finalidad de ayudar a los países socios a alcanzar, por ejemplo, los objetivos del milenio no responde a la pregunta de qué hay que hacer para ello. Quienes mas conocen esto son los socios de gobierno. De allí que el trabajo conjunto deba tomar como base las prioridades de los países socios. Pero, ¿consideran apropiados los países donantes estas prioridades? ¿Qué otros intereses defienden, que seguramente no coincidan totalmente con los objetivos de la política de desarrollo?

Selección clara de socios

Al tomar en serio el consenso de comportamiento alcanzado en mayo de 2007, se tiene como resultado decisiones dolorosas para el ámbito nacional de los países miembro de la EU. Por un lado, no es fácil abandonar áreas singulares del trabajo conjunto para el desarrollo en regiones específicas y, por otro, no todos los actores están necesariamente convencidos de que se hayan elegido las áreas y actividades correctas. ¿Cómo reaccionan las organizaciones que están en el lugar o la población cuando un país donante decide alejarse de repente del sector hidráulico porque otro país donante se ocupa de este sector, aunque los expertos tengan 30 años de experiencia laboral en el lugar? Sobre todo, la elección clara de socios lleva al éxito. La fuerza directiva política de los países donantes y receptores constituye la condición central para la modernización de la ayuda para el desarrollo.

 
Sven Grimm
Sven Grimm, nacido en 1971 en Elmshorn, es ayudante del Instituto Alemán para la Política de Desarrollo. Vive en Colonia.
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Original en Inglés

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