Navegación

 

Home / Revista de prensa / Archivo / Magazine / Política / La corrupción en Rumanía / Artículo

Pequeñas atenciones

de Anneli Ute Gabanyi


Desde el ingreso del país a la UE ha habido movimiento en la lucha contra la corrupción. Un informe sobre la herencia comunista, la retórica política y la venalidad relativa.


La tendencia es buena: En el informe de Transparency International sobre la Percepción de la Corrupción, Rumanía ha intercambiado por primera vez su posición de furgón de cola de la UE con Bulgaria, cuyo desarrollo en los últimos años ha seguido la senda opuesta.

Una mujer paga su cuenta mensual de gas.

Foto: Matthias Häber


El informe de Avances de la Comisión Europea, publicado el 23 de julio de 2008, ha certificado también los éxitos de Rumanía en la lucha contra la corrupción cotidiana. A su vez ha advertido que la politización de la lucha contra la corrupción, así como la inconexa jurisprudencia de los Tribunales Superiores, creaban inseguridad e impedían éxitos rigurosos en la lucha contra la gran corrupción.

Abstinencia de los inversores

¿Es Rumanía un país endémicamente corrupto? Así era considerado al menos – comparado con todos los demás países nuevos de la UE – después de 1989 por la percepción externa tanto de la Comisión de la UE como de los Estados miembro (incluidos sus medios de comunicación), lo que ciertamente acarreó consecuencias en el comportamiento de los inversores extranjeros así como en el proceso de integración del país a las estructuras euro-atlánticas. La acumulación de casos destacados de corrupción en Rumanía– aunque imposibles de probar – por informes de prensa, análisis de institutos especializados y valoraciones de agencias de medición de índices durante muchos años fue considerada por los representantes de la política occidental y la economía como un indicio de una mayor inseguridad jurídica y, por consiguiente, como incompatible con la UE. Por esta razón no sólo se retrasó el inicio de las negociaciones con el país para el ingreso a la UE: Rumanía era además antes de 1999 el país con menor cantidad por persona de inversiones extranjeras directas entre los nuevos candidatos a la incorporación, Bulgaria incluida.

Autopercepción crítica

Se debe agregar a ello la autopercepción marcadamente crítica de los rumanos como parte de la cultura política de un pueblo, que se percibe a sí mismo como corrupto y además a su clase política. Cuando se les preguntó a los rumanos sobre sus esperanzas con relación al ingreso de su país a la UE, nombraron en primer lugar el reconocimiento de su identidad europea, pero en un apretado segundo lugar consideraban la esperanza de que la UE ayudara a Rumanía en una limpieza moral de su élite política y que liberara a su país de la miseria de la corrupción.

Exitoso tema de campaña electoral

Las contiendas políticas se referían de manera esencial al tema de la corrupción, incluso en los períodos de campaña electoral. El candidato presidencial Emil Constantinescu, proveniente de la sociedad civil, ganó en 1996 las elecciones mediante ataques al partido excomunista en el poder, que se había enriquecido a través de la apropiación corrupta del antiguo capital de la sociedad. Corneliu Vadim Tudor, presidente del partido nacionalista de izquierda "Partido de la Gran Rumanía” llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2000 con su discurso anticorrupción.

Billetes rumanos con retratos de Ion Luca Caragiale (escritor), Aurel Vlaicu (pionero de la aviación) und Niculae Grigorescu (pintor) colgados de una cuerda.
Foto: Matthias Häbel


En las elecciones del año 2004 se presentó el exitoso candidato a la presidencia Traian Băsescu igual que antes Corneliu Vadim Tudor como el vengador del pueblo contra la corrupción y el saqueo del "pueblo” por parte de los "dominantes” y propuso soluciones autoritarias y violentas.

Extendida en la aduana y en la justicia

Se debe sobre todo al efecto de incorporación a la UE el hecho de que desde entonces haya ocurrido un cambio en el clima social y comercial de Rumanía, el cual lentamente también se empieza a dibujar en la percepción de este desarrollo. En el año 2000, cuando se entablaron las negociaciones de adhesión entre Rumanía y la UE, el Banco Mundial y la compañía Management Systems International (MSI) llevaron a cabo una encuesta sobre la percepción y la experiencia de los ciudadanos con la corrupción en más de 1.700 hogares, empresas y entre los miembros de la Administración Pública de Rumanía. Según su percepción, donde más extendida estaba la corrupción era entre los funcionarios aduaneros y en el sistema judicial, así como en los (antiguos) fondos de privatización del Estado, en el Parlamento, en la sanidad y en la policía. En el día a día real de los ciudadanos cabe mencionar las pequeñas "atenciones” (atenţii), sobre todo en el trato con médicos, dentistas, servicios de socorro y personal hospitalario, seguidos de las empresas de reparación, escuelas, puestos de expedición de pasaporte, etc.

Controles fronterizos electrónicos

Mientras que estas formas de corrupción insignificante ("petty corruption”), que son denunciadas vez tras vez en campañas dirigidas a ese fin por instituciones estatales y sobre todo por no estatales, se pueden considerar como restos de una cultura cotidiana histórica de la época comunista, la corrupción ha podido reducirse a un mínimo en las fronteras, entre los funcionarios aduaneros y entre la policía mediante la introducción de procesos electrónicos. Como consecuencia de la incorporación a la UE y de la privatización a través de la intervención de inversores extranjeros también han podido disminuir ciertas formas específicas de la "corrupción de transformación”, otros fenómenos de corrupción detectados no sólo en los antiguos Estados comunistas, como el fraude fiscal, el trabajo en negro, la subvención de empresas poco rentables así como la adquisición de créditos de necesitados ("non-performing loans”) por el Estado, el lavado de dinero, el clientelismo, la financiación de los partidos irregular o la toma de influencia política, fenómenos que siguen estando en el punto de mira de la crítica de la UE.

No es un país especialmente corrupto

¿Es entonces Rumanía un país europeo especialmente corrupto? Formulándolo de un modo necesariamente breve, la respuesta es "no”, y eso por dos motivos. El primero es la naturaleza misma del método – porque el término y su definición son vagos y porque la objetividad tampoco está más o menos asegurada en el proceso de compilación y de datos sobre cada país en concreto, como certifican numerosos estudios. El segundo motivo estriba en consideraciones pragmáticas: En el contexto de la nueva criminalidad, que no se ciñe a fronteras estatales y posee una dimensión gigantesca, como está apareciendo en la crisis bancaria actual (no sólo) en los EE.UU., la focalización en " Rumanía, el país especialmente corrupto” parece casi un poco una distracción o huida de los grandes problemas globales.

 
Anneli Ute Gabanyi
Anneli Ute Gabanyi trabaja como investigadora en Ciencias Políticas en Berlín. Nació en 1942 en Bucarest y vive desde 1963 en Alemania. De 2001 a ...
» de la lista de autores

Original en Alemán

Creative Commons license by-nc-nd/2.0/de.

Se ha obtenido la licencia para el texto en
Creative Commons license by-nc-nd/2.0/de.

Otros contenidos