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Una pareja creativa

de Dan Lungu


El señor Andi y la señora Niculina consideran que el soborno es simplemente parte de la cotidianidad. El escritor rumano Dan Lungu esboza una pequeña tipología de la corrupción.


El señor Andi es una leyenda viviente. Al menos en nuestro barrio. Es un gran filósofo de a pie. Uno de sus temas preferidos es el pueblo rumano: sus debilidades, pero sobre todo sus puntos fuertes. "¡El rumano en sí es creativo, viejo!”, cuida de decir con énfasis. Si un aparato no funciona, lo repara sólo con tocarlo, una máquina averiada se arregla con un trozo de alambre y los problemas los soluciona con sobornos.

Viviendas de la época comunista en Sighişoara.

Foto: Matthias Häber


Según Andi (la gente se refiere a él como "viejo”, "tú, el de ahí” o "vecino”), la corrupción es una prueba de la riqueza imaginativa de los rumanos y mantiene el sistema en funcionamiento. Casi como el aceite para un tornillo. Si la corrupción desapareciera de un día para el otro, el hecho causaría tal desconcierto que, así lo cree Andi, Rumanía dejaría con toda seguridad de existir como país. Andi seguramente exagera; sabe exactamente lo bien que quedan las conspiraciones apocalípticas con la cerveza y los frutos secos.

Cuando la campaña periodística "No pagues ningún soborno” estaba en pleno auge, observó largo rato con atención el anuncio y manifestó lacónico: "Sí, sí, ¡así es! ¡El soborno no se paga, se cobra!”

El rumano es ciertamente creativo; ése es su discurso.

Si yo fuera Dios o, al menos, el dueño de una agencia matrimonial, casaría a Andi con, digamos, la señora Niculina. Una tarde me esperaba frente a mi despacho en la Universidad una señora vestida de manera humilde. No sé cuánto había esperado; no habíamos concretado ninguna cita. Pasamos a mi despacho, se sentó con miedo en el borde de la silla y me contó lo tímida que era su hija, mi estudiante, sobre todo en los exámenes. Creativa como resultó ser, me pasó un sobre por encima de la mesa. Lo rechacé con amabilidad, a lo que me preguntó con imaginación si mi casa no necesitaba quizá una limpieza general, ya que su hermano era un pintor muy dotado. Con el pretexto de una cita urgente salté de la silla. Era demasiado vieja como para echarla simplemente de la oficina. Cuando cerré la puerta sacó una botella de vodka y la puso bajo mi nariz, "así nada más, simplemente como un pequeño obsequio”. Apuré el paso, pero la señora me pisaba tenaz los talones, sosteniendo la botella.

"Hago esto porque quiero a mi hija, ¡no como otros!” me gritó por detrás en el pasillo.

Yo ya caminaba rápidamente y pensaba que sería perfecta para Andi, quien, debido a mi posición de rechazo, me podría incluso denunciar por amenaza a la seguridad pública.

Por fin conseguí salvarme de ella subiéndome a un tranvía.

 
Dan Lungu
Dan Lungu, nacido en 1969 en Botosani, vive actualmente en Iasi, en el noreste de Rumanía. Escribe novelas, poemas, obras de teatro; trabaja como docente ...
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Original en Rumano

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Se ha obtenido la licencia para el texto en
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