La guerra de Bosnia y Herzegovina llegó a su fin en 1995 bajo la supervisión de EE.UU. con los acuerdos de paz de Dayton. Richard Holbrooke, antiguo emisario estadounidense en los Balcanes, y Paddy Ashdown, antiguo emisario internacional en Bosnia, advierten en el periódico Delo del derrumbamiento del país: "Milorad Dodik, primer ministro de los serbios bosnios [República Srpska], apreciado antaño por la comunidad internacional, ... se ha servido de las debilidades de la Constitución bosnia, del cansancio de la comunidad internacional y de la incapacidad de la UE de insistir en sus condiciones, frenando en dos años los avances que Bosnia y Herzegovina había conseguido en los últimos 13 años. Ha debilitado considerablemente las instituciones del Estado bosnio y el desarrollo de la federación hacia su capacidad funcional y ha llevado prácticamente a la paralización del Estado acordado con la UE. ... Como consecuencia, se han vuelto a despertar los recelos y los temores que desembocaron en la guerra de 1992. ... Todo ello y un nuevo nacionalismo ardiente son el resultado del desinterés de la comunidad internacional. ... La atención de la política exterior de la UE se concentra últimamente en Kosovo, pero Bosnia sigue siendo un desafío mayor y más peligroso. Todavía es posible detener el retroceso del país, si la UE despierta y la administración estadounidense coopera, si ambas se movilizan para que continúe la presencia militar y se refuerce la aproximación, a largo plazo, a la comunidad internacional." (05/11/2008)
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