El proceso europeo de unificación avanza tan lentamente porque los europeos apenas se identifican con esta unidad política, según escribe Luis Arroyo en el periódico El País: "Europa tiene una larguísima historia común, pero los europeos no lo saben, porque en su memoria están frescos los enfrentamientos internos. Europa tiene un himno común, pero es desconocido para la mayoría, que ni lo escucha ni lo honra. Europa tiene una bandera conocida, pero su uso es irregular, y el ciudadano apenas la ve en las matrículas de los vehículos y en los carteles de obras financiadas con fondos comunitarios. Muchos se ofenderían más si vieran quemar la enseña de su equipo de fútbol que si vieran quemar la de las doce estrellas. La Unión Europea ejerce una influencia positiva, directa y tangible en la vida de todos los ciudadanos de la Unión, pero las instituciones europeas resultan incomprensibles, burocráticas, elitistas o irrelevantes. Existe un Día de Europa, pero pasa desapercibido para la mayoría. ... Europa tampoco tiene antagonista: en los dos últimos siglos no ha luchado unida en ninguna causa. Al contrario, ha sido el escenario de luchas brutales en su propio seno." (07/11/2008)
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